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En invierno, una crema de calabaza puede ser una de las mejores maneras de cenar caliente y reconfortante. Pero cuando llega el verano, la idea de un plato denso, tibio y dulce ya no apetece tanto. La solución es mantener el concepto de crema, pero cambiar completamente el registro. Una crema fría de melón, yogur griego, menta y jamón puede convertirse en una receta perfecta para los días de calor. Es fresca, cremosa, ligera y tiene ese punto entre dulce, láctico y salado que hace que funcione muy bien como entrante, cena rápida o plato para dejar preparado en la nevera.

Una buena crema de melón te puede arreglar un día de mucho calor donde refrescarse se convierte en una prioridad

El melón es la base fresca que lo cambia todo

La clave de esta receta es usar un buen melón que nos permita trabajarlo bien. Con medio melón es suficiente para preparar una crema generosa, sobre todo si es dulce, maduro y aromático. Lo mejor es retirar las semillas, cortarlo en trozos y ponerlo directamente en el vaso de la batidora. Cuanto más frío esté, mejor quedará el resultado final y más nos gustará.

El melón aporta agua, dulzor natural y una textura muy agradable. Por eso no es necesario añadir azúcar ni complicar la receta con muchos ingredientes. La gracia es precisamente que sea sencilla. A diferencia de la crema de calabaza, que necesita cocción y una base más trabajada, esta se prepara en pocos minutos y no calienta la cocina. El segundo ingrediente importante es el yogur griego. Con unos 250 gramos, la crema gana cuerpo, cremosidad y un punto láctico que equilibra el dulzor del melón. No queda una sopa líquida, sino una crema fría con textura más sedosa y agradable.

La menta y el jamón dan el contraste

La menta es el detalle que hace que la crema sea realmente veraniega. Un buen manojo, bien lavado, aporta frescura y aroma. No hay que pasarse, porque si hay demasiada puede dominar el plato, pero sí poner suficiente para que cada cucharada tenga ese punto refrescante.

Solo hay que triturar el melón con el yogur griego y la menta hasta que quede una crema fina. Después se puede probar y ajustar con un poco de sal, y si se quiere, con unas gotas de aceite de oliva virgen extra. Lo mejor es dejarla reposar en la nevera un rato antes de servirla, porque bien fría gana mucho. El toque final es el jamón serrano. Se puede poner en tiras finas o hacerlo crujiente unos minutos en la sartén o en el horno. Este punto salado contrasta muy bien con el melón y evita que la crema parezca un postre. También da textura, algo importante en una receta tan suave.

Así pues, cuando la crema de calabaza ya no apetece, la crema de melón puede ser la salvación del verano. Se hace rápido, no necesita fogones y combina frescura, cremosidad y contraste. Medio melón, yogur griego, menta y jamón serrano son suficientes para preparar un plato sencillo, elegante y perfecto para combatir el calor.