Hay recetas que parecen demasiado simples para funcionar. Sobre todo cuando solo tienen un ingrediente principal y se hacen en cuestión de minutos, por no decir segundos. Pero cada vez más cocineros están demostrando que muchas veces no hace falta complicarse ni gastar más dinero para conseguir un resultado sorprendente. De hecho, algunos de los trucos más efectivos nacen precisamente de buscar texturas nuevas con aquello que ya tienes en la nevera. Y es aquí donde entra una de las ideas de Arnau París: convertir unas simples lonchas de jamón salado (de aquel que te ha costado un euro) en un crujiente capaz de transformar cualquier plato.
La propuesta es tan directa que casi cuesta creerla. No hace falta sartén, ni horno, ni ingredientes difíciles de encontrar. Solo jamón salado, papel de horno y un microondas. El resultado es una especie de crujiente intenso y lleno de sabor que funciona especialmente bien sobre cremas, pero que también se puede utilizar en ensaladas, verduras o incluso platos de pasta. Todo ello con una elaboración que no llega ni a los cinco minutos.
En pocos minutos puedes transofrmar una crema de verudras simple en un plato digno de restaurante
¿Por qué el crujiente de jamón funciona tan bien con platos tan sencillos?
La clave de esta receta está en el cambio de textura. El jamón, que normalmente asociamos a algo tierno y flexible, se transforma completamente cuando pierde humedad. La grasa se concentra, el sabor se hace más intenso y aparece ese punto crujiente que da contraste a los platos más suaves y sedosos.
Para prepararlo, Arnau París coloca las lonchas de jamón sobre un plato y las cubre con papel de horno. Este detalle ayuda a que la cocción sea más uniforme y evita que el jamón se deforme demasiado. Después solo hace falta ponerlo en el microondas a máxima potencia durante aproximadamente dos minutos. Mientras esto ocurre, el chef aprovecha para calentar una crema de calabaza. Es una combinación especialmente interesante porque la dulzura y la textura cremosa de la calabaza encajan muy bien con el punto salado y crujiente del jamón.
El detalle final que hace que parezca una receta mucho más elaborada
Cuando el jamón sale del microondas todavía parece que no haya pasado nada especial. Pero es cuando se enfría unos segundos cuando aparece la magia. La textura se vuelve rígida y ya se puede romper fácilmente con las manos hasta convertirlo en pequeños trocitos irregulares. Este crujiente se esparce por encima de la crema caliente y se remata con un chorro de aceite. El resultado es un plato muy sencillo pero con diferentes capas de textura y sabor que lo hacen mucho más interesante.
También funciona con otras preparaciones. Sobre purés, verduras asadas o incluso para dar contraste a platos fríos. Así pues, Arnau París demuestra que a veces el secreto no es añadir más ingredientes, sino encontrar una manera diferente de utilizar los que ya tienes en casa. Con un microondas y un poco de jamón, cualquier plato puede parecer un poco más especial.
