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Cuando hace calor, apetecen recetas frescas, rápidas y que no obliguen a pasar mucho tiempo delante de los fogones. Esta crema proteica de guisantes y queso cottage cumple las tres condiciones y, además, aporta una cantidad interesante de proteína sin convertirse en un plato pesado. La propuesta es muy sencilla y pasa por triturar guisantes en conserva con queso cottage, ajustar la textura con un poco de agua o caldo y acabarla con aceite de oliva virgen extra. En pocos minutos tienes una crema que se puede servir fría o templada y que funciona igual de bien como primer plato que como cena ligera.

La clave de una buena crema pasa por tener unos buenos ingredientes extra

Guisantes y cottage: una combinación sencilla pero muy completa

Para preparar dos raciones necesitas 240 gramos de guisantes en conserva, 200 gramos de queso cottage o queso fresco, un chorro de agua o caldo, sal y aceite de oliva virgen extra al gusto. No hay mucho más secreto. Pon todos los ingredientes en el vaso de la batidora y tritura hasta conseguir una textura fina y homogénea. La cantidad de líquido dependerá completamente del resultado que busques. Si quieres una crema más espesa, casi como un puré, bastará con añadir muy poco. Si prefieres una textura más ligera y fácil de tomar fría, puedes incorporar agua o caldo poco a poco hasta que quede a tu gusto.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

El queso cottage es el que da a la receta buena parte de su contenido proteico y también una textura cremosa sin necesidad de añadir nata. Los guisantes, por su parte, aportan hidratos de carbono, fibra y también una cantidad moderada de proteína vegetal, de manera que la combinación resulta especialmente interesante. Y es que a veces es tan importante comer bien como hacer que la calidad de los alimentos acompañen a la estación.

Los toppings pueden transformar completamente la crema

Una vez triturada, se puede servir directamente o dejarla un rato en la nevera para que esté bien fresca. Para acabarla, la nutricionista propone toppings muy sencillos: un chorro de aceite de oliva virgen extra, pimienta recién molida y un poco de jamón cortado fino. Este último ingrediente aumenta aún más la proteína y aporta contraste salado, mientras que el aceite da untuosidad y aroma. También se puede dejar sin toppings si se busca una versión aún más ligera.

Según los cálculos de la receta, cada ración aporta aproximadamente 180 calorías, entre 16,5 y 17 gramos de proteína, 18 gramos de hidratos de carbono y unos 5 gramos de grasa. Son cifras orientativas porque pueden variar según el queso, los guisantes y la cantidad de aceite utilizada.

La gran ventaja es que no hay que cocinar prácticamente nada. Abrir, triturar, ajustar la textura y servir. Una crema de verano fácil, fresca y con suficiente proteína para convertirse en un recurso habitual cuando quieres comer bien sin complicarte.