Hay algo casi mágico en el queso. Lo disfrutamos en mil formas distintas: rallado sobre una pasta humeante, ligeramente fundido en una hamburguesa, en dados dentro de una ensalada fresca o servido en tabla. Pero, seamos sinceros, en la nevera siempre acaban quedando restos: un trocito seco de parmesano, media cuña de manchego, un poco de brie que ya no luce tan bien… Y ahí surge la gran pregunta: ¿qué hacer con ellos? En lugar de olvidarlos hasta tener que tirarlos, podemos transformarlos en una fondue sencilla, reconfortante y sorprendentemente elegante, perfecta como snack o para compartir en una cena informal.

Cómo aprovechar las sobras de quesos

Cada vez hablamos más de aprovechamiento responsable y reducción del desperdicio alimentario, no solo por economía doméstica, sino por conciencia ética y medioambiental. Y el queso, que tantas alegrías nos da, también puede convertirse en un aliado si aprendemos a reutilizar sus restos. No hace falta ser chef profesional: basta con un poco de creatividad y la mente abierta a nuevas combinaciones.

Queso, un snack único / Foto: Unsplash
Queso, un snack único / Foto: Unsplash

Inspirándose en ideas de cocineros que admiran el producto y odian tirarlo, surge esta propuesta tan práctica. En lugar de desechar esos pedacitos que parecen inútiles, los juntamos, los rallamos o troceamos y los convertimos en el corazón de una fondue cremosa, lista en pocos minutos. La clave está en mezclar los quesos que tengas, tanto curados como semicurados o cremosos, y compensar sabores: los más intensos aportan carácter; los más suaves, untuosidad.

Los más intensos aportan carácter; los más suaves, untuosidad

Para que la mezcla funcione, añadimos un toque de líquido: vino blanco, caldo o incluso un poco de agua, y un espesante suave como maicena disuelta. Con calor suave y paciencia, todo se funde en una crema sedosa, aromática y profundamente reconfortante, sin necesidad de añadir demasiada grasa. Un poco de pimienta, quizás una pizca de nuez moscada, y la magia aparece en el cazo.

Lo mejor es que esta fondue “de aprovechamiento” se convierte en un snack tremendamente versátil. Puedes servirla con pan tostado, crudités, patatas pequeñas cocidas o incluso nachos caseros. Y si quieres darle un toque personal, un pellizco de pimentón, hierbas frescas o un chorrito de cava elevan el resultado sin complicaciones.

Adapta la fondue a tus gustos / Foto: Unsplash
Adapta la fondue a tus gustos / Foto: Unsplash

Al final, lo que parecía un cajón desastre de restos de queso se transforma en algo digno de abrir una comida o acompañar una copa entre amigos. Y además, con un beneficio añadido: comemos mejor, ahorramos y evitamos tirar productos que todavía pueden dar mucho de sí. La próxima vez que mires tu nevera y veas esos trozos olvidados, piensa en fondue. Tal vez descubras que el snack más delicioso estaba esperando, silenciosamente, a que alguien le diera una segunda oportunidad.