El té no sirve solo para llenar una taza. En la cocina puede convertirse en un ingrediente aromático capaz de aportar notas vegetales, ahumadas, florales o especiadas sin necesidad de cargar el plato de salsas. El té verde, el Earl Grey, el matcha o las variedades ahumadas pueden funcionar con carne, pescado, huevos e incluso postres. La clave es elegir bien la variedad y no infusionarla en exceso, porque los taninos pueden aportar amargor. Estas son cinco maneras sencillas de introducirlo en la cocina y conseguir sabores diferentes con un ingrediente que probablemente ya tienes en casa.
El té es un ingrediente más que interesante
De las marinadas a los huevos: el té también funciona en platos salados
Una de las aplicaciones más curiosas son los huevos aromatizados con té, muy vinculados a la cocina china. Primero se cuecen los huevos hasta que quedan duros y luego se golpea suavemente la cáscara sin retirarla completamente. A continuación, se dejan reposar en una infusión intensa de té, a menudo acompañada de especias. El líquido penetra por las grietas y, cuando se pelan, aparece un atractivo dibujo marmoleado en la clara.
La segunda posibilidad es incorporar el té a marinadas y salsas. Una infusión de té verde puede aportar frescura a ingredientes de sabor neutro como el tofu, pero también funcionar con pollo o pescados blancos. Las variedades más ahumadas encajan mejor con carnes porque aportan una sensación parecida a la de una cocción sobre brasas. Es importante preparar una infusión concentrada pero corta y dejarla enfriar antes de utilizarla como marinada.
Una tercera técnica consiste en usar té para cocinar al vapor. Se pueden añadir hojas de té o una infusión aromática al líquido que genera el vapor. Pescados, marisco o verduras pueden captar ligeramente estos aromas durante la cocción. No quedará un sabor intenso a té, sino un trasfondo sutil que resulta especialmente interesante con ingredientes delicados.
Caldos y postres son las dos opciones más fáciles
La cuarta manera es sustituir parte del agua de un caldo o una sopa por té. En Japón existe el ochazuke, una preparación sencilla en la que se vierte té verde caliente o caldo sobre un bol de arroz que puede incorporar salmón, algas u otros acompañamientos. En casa se puede aplicar la misma idea en sopas ligeras o platos de arroz para introducir una aroma vegetal diferente.
Finalmente, el té tiene un enorme potencial en repostería. El matcha es probablemente el ejemplo más conocido: funciona en pasteles, cremas, galletas o panna cotta y aporta a la vez sabor y un color verde intenso. Pero no es la única alternativa. El Earl Grey, con sus características notas de bergamota, combina especialmente bien con galletas de mantequilla, magdalenas y bizcochos.
También se pueden utilizar tés aromatizados con cardamomo, jengibre o vainilla para infusionar leche o nata antes de preparar una crema. El secreto en todos los casos es la moderación. Cocinar con té no consiste en hacer que todo tenga sabor a infusión, sino en utilizarlo como cualquier otra especia: en la cantidad justa puede aportar profundidad y convertir una receta cotidiana en un plato mucho más interesante.
