Pocas cosas generan más confusión en la cocina que elegir entre huevos blancos o marrones pensando que uno es mejor que otro. Es una duda muy habitual en supermercados y mercados, donde muchas personas asocian el color más oscuro con mayor calidad o con un producto más natural o ecológico. Sin embargo, los chefs y expertos en nutrición llevan años desmontando esta creencia. Porque el color del huevo no dice absolutamente nada sobre su calidad.
El origen de esta confusión está en la percepción. El huevo marrón suele parecer más rústico o de granja, mientras que el blanco se asocia a producción industrial. Pero esta idea no tiene base real alguna. La diferencia está en algo mucho más simple como la genética de la gallina. Es decir, no tiene nada que ver con lo que come, ni con cmo vive, ni con el valor del producto.
El mito del color del huevo que los expertos desmontan
La explicación es muy sencilla y no admite dudas. Las gallinas de plumaje blanco suelen poner huevos blancos, mientras que las de plumaje marrón o rojizo ponen huevos marrones. No hay más. No existe un proceso diferente ni un valor añadido en uno u otro. Ni unos son más o menos nutritivos.
De hecho, a nivel nutricional, ambos son prácticamente idénticos. Aportan la misma cantidad de proteínas, vitaminas y grasas. Tampoco hay diferencias en el sabor que justifiquen elegir uno frente a otro. De hecho, muchos chefs insisten en que en una cocina profesional nadie distingue un huevo por su color, sino por su frescura y su procedencia.
Lo que realmente marca la diferencia en un huevo
Aquí es donde está la clave que muchas personas pasan por alto. Lo importante no es el color, sino la calidad de vida de la gallina. Su alimentación, el espacio en el que vive y el tipo de cría influyen mucho más en el resultado final. Por ejemplo, huevos de gallinas camperas o ecológicas pueden tener una yema más intensa o un sabor más marcado. Pero esto no tiene ninguna relación con que la cáscara sea blanca o marrón.
También influye la frescura. Un huevo recién puesto siempre tendrá mejor textura y sabor que uno que lleva días almacenado, independientemente del color que tenga. En cocina, los detalles importan, pero no todos los que creemos. Y en este caso, fijarse en el color es quedarse en la superficie.
Porque al final, lo que determina la calidad de un huevo no se ve por fuera. Está en cómo se ha producido. Y entender esto cambia por completo la forma de elegir en el supermercado.
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