Existe una izquierda que, políticamente, actúa siempre desde el eslogan, la superioridad moral y el señalamiento a los demás, y que nunca está dispuesta a evaluar el resultado de sus acciones. No alcanza un nivel mínimo aceptable. Es muy deficiente. Pero ya sea porque un día hicieron gracia, porque lo “progre” ablanda el corazón de periodistas que de jóvenes fueron revolucionarios o porque al poder real le conviene un enemigo con esa profundidad intelectual, se les presta mucha atención. Horas de numeritos se ven recompensadas con horas de atención mediática. Una atención mediática que obtiene grandes disparates dichos por los personajes en cuestión. Disparates que son tratados con condescendencia por parte de quienes deberían ponerlos en evidencia. Pues ya que se les presta atención, más allá de los aspavientos a los que nos tienen acostumbrados —ya sea una fotocopiadora o un billete de 50—, conviene subrayar que el resultado de su acción política es muy deficiente. Igual que su práctica.

La mayoría de las izquierdas que pretenden agruparse para alzar la voz a la izquierda del PSOE ofrecen muy poca calidad política. Nula capacidad de sacar adelante las propuestas que plantean. Incapaces de salir de la polémica estéril. Son políticos profesionales porque cobran por serlo, pero no actúan con profesionalidad. No preparan bien las cosas. Son incapaces de traducir el ruido mediático que generan en influencia política real. ¡Ni cosquillas! La votación sobre el decreto de la prórroga de los alquileres de esta semana es un claro ejemplo de lo mal que hace política determinada izquierda —de Catalunya y de España—. Reunión preparatoria del ejecutivo español para el decreto anticrisis: numerito de Sumar, que no quería estar en la reunión si no se incorporaban medidas de vivienda en un decreto que incluía ayudas al transporte, ayudas energéticas, a familias vulnerables y prórroga de medidas ya existentes. Resultado final: dos decretos. Ni cosquillas. Sánchez soportó el ruido, pero no puso en riesgo el apoyo parlamentario con el que contaba para el decreto anticrisis. Volvamos a los resultados: ruido 100, éxito 0. Pero el apoyo parlamentario solo era uno de los motivos.

Existe una izquierda que, políticamente, actúa siempre desde el eslogan, la superioridad moral y el señalamiento a los demás, y que nunca está dispuesta a evaluar el resultado de sus acciones

El propio PSOE decía que la propuesta de Sumar generaba mucha inseguridad jurídica: podía poner en riesgo el derecho a la propiedad reconocido en la Constitución española, planteaba retroactividad encubierta, invasión de competencias y problemas de aplicación. Faltaban apoyos y tenía deficiencias técnicas evidentes. ¿Qué han hecho los protagonistas de la historia? Pues no corregir nada y ponerse a insultar como nunca a los únicos de quienes podían obtener apoyos. Ni Isabel Rodríguez, ministra de Vivienda, asistió al debate y votación en el pleno. Resultado de esta cultura política: ruido 100, éxito 0. Políticamente son un fracaso permanente y no aprenden. Llevar una propuesta así sin los apoyos necesarios atados, que no acuda la ministra… demuestra muy poco oficio. Políticamente son muy deficientes. Y como tales, ahora toca un numerito —el billete—, el insulto a aquel con quien deberías llegar a acuerdos —Junts per Catalunya (con el PNV no tanto)— y el señalamiento de alguien como enemigo —los propietarios—. Volver a las redes sociales, volver a los platós a decir que es mejor TikTok que una biblioteca —total, sale gratis— y a los teatros a decir que tienen que votarte porque sí.

¿Evaluación del doble fracaso del decreto de alquiler? Ninguna: la culpa es de los demás. ¿Búsqueda de nuevas soluciones para los problemas de vivienda? Ninguna: hay que ir a por los propietarios que alquilan pisos. En caso de que alguien de los afectados les vote, ¿le resolverán el problema que hace que les vote? Son muy deficientes, pero listos como el hambre.