Cada día somos más conscientes de lo importante que es la alimentación y cómo esta influye en nuestra salud. Hasta no mucho, lo único que se tenía en cuenta eran las calorías y la relación más rápida era asociar alimentos a ganancia de peso. Y ya. Hoy, con kilos de información a nuestro alcance, sabemos cómo determinados alimentos pueden alejarnos o acercarnos a enfermedades concretas. Y, por lo tanto, intentamos vigilar mucho más lo que metemos en la cesta de la compra. Así, en la mente colectiva hay alimentos que son sanos por definición y que se consumen con cierta tranquilidad. Aquí podemos incluir al jamón cocido (ya hemos aprendido que york no existe), pero aun así, este fiambre que creíamos saludable resulta que también trata de engañarnos. Solo falta acercarse a la zona del jamón cocido para encontrarse con una jungla de etiquetas: “bajo en grasa”, “alto en proteínas”, “sin lactosa”, “con menos sal”, “tipo…”, “extra…”, “fino…”, “lonchas…”, “fiambre…”. Y ya no sabes si estás comprando un alimento sencillo o un ultraprocesado con disfraz.

Palabra de experta

Blanca García-Orea Haro, más conocida en redes como @blancanutri, acaba de publicar un post con algunos consejos. A primera vista parece que todo se vuelve más complicado, pero al final, el resumen es claro: una vez que encuentres el que más te gusta, solo hay que repetir sin pensar. Apunta estos cinco datos sobre los aditivos de Blanca que te van a ayudar en tu próxima compra:

  • Evita los NITRITOS. “A veces puedes encontrarlos con la palabra nitrito sódico o e249-e252”, asegura Blanca y aclara que “son unos aditivos que pueden aumentar la inflamación intestinal y que además son considerados como sustancias con potencial cancerígeno”. Casi nada…
  • Otro de los aditivos a tener presente es el E407 o carragenanos. Blanca segura que, al igual que los anteriores, pueden causar inflamación intestinal.
  • La lista continua con todos los FOSFATOS E451 como el trifosfato sódico. “En grandes dosis puede provocar problemas digestivos y de hiperactividad”, confirma la experta.
  • Hasta hace poco, con mirar el porcentaje ya estaba el trabajo hecho, pero Blanca avisa de que “hay muchos jamones que tienen alto porcentaje de carne y todos los aditivos que hemos dicho a evitar añadidos en la composición”. Es decir, que todo lo bueno que tienen por un lado, lo tienen de perjudicial por el otro. Se acabó el fiarse de ese 90% de carne, porque es probable que todo el 10% sea lo menos aconsejable.
  • No todo son malas noticias. Blanca resta importancia al azúcar y, siempre que no lo tengan prohibido por una dolencia como puede ser una diabetes, no debería afectarte el contenido de azúcar. “Normalmente, está en una cantidad muy pequeña (menor a 1 g por cada 100 g) y actúa como conservante” escribe Blanca, por lo que no hay que tenerlo en cuenta.

Mientas que un jamón básico ronda seis euros el kilo, los que recomienda la nutricionista suelen superar los treinta

Plato con jamón cocido. / Foto: Unsplash

Las mejores opciones

Después del susto por ver que la inmensa mayoría de jamones cocidos que creíamos saludables son todo lo contrario, Blanca compensa mostrando opciones que sí son recomendables. Empieza por el jamón cocido de la familia Bienestar del El Pozo, que asegura que “no tiene ninguno de los aditivos mencionados". Otro ejemplo, también de El Pozo, en este caso de la categoría Premium Gourmet, que la nutricionista asegura que suplen los conservantes con especias naturales. ¿Su favorito? El jamón cocido de la línea bio de Carrefour.

Eso sí, hay otro factor determinante a la hora de decidir qué jamón comprar es el precio, al menos en la mayoría de los hogares. Y aquí no hay que utilizar palabras técnicas para entendernos. Mientas que un jamón básico ronda seis euros el kilo, los que recomienda la nutricionista suelen superar los treinta. Un buen golpe a la cartera para que nuestra salud no se resienta.