Las conservas son uno de esos recursos de cocina que nunca pasan de moda, ya que son prácticas, versátiles y muy fáciles de preparar. Más allá de los botes que llenan las estanterías del supermercado, siguen siendo una forma sencilla y muy útil de alargar la vida de los productos de temporada y poder disfrutarlos en cualquier momento del año. Especialmente en el caso de las verduras, que tienen calendarios mucho más marcados, este tipo de preparaciones permite aprovechar su mejor momento y guardarlo para más adelante sin complicarse demasiado.
Lejos de lo que pueda parecer, hacer conservas en casa no es algo reservado a cocinas expertas ni requiere técnicas complicadas. Tampoco utensilios especiales o electrodomésticos caros. Durante años ha sido una práctica habitual en muchas casas, casi un gesto automático cuando un producto estaba en su punto, ya fuese verdura o fruta. Así, en las casas de las personas que trabajan en campo siempre había botes de tomate, pimientos, melocotones… o incluso setas en algunas zonas. Hoy, esa costumbre vuelve con fuerza, en parte por el interés en aprovechar mejor los alimentos y en recuperar sabores más auténticos. Y pocas verduras representan mejor esa idea de temporada que la alcachofa. Ahora que está en su mejor momento, es también la ocasión perfecta para aprender a conservarla y tenerla lista para usar mucho después de que desaparezca del mercado.
Dos ideas que triunfan
En la cuenta de @mikelissim (un cocinero que en muchas ocasiones parece la típica abuela que recuerda formas de cocinar olvidadas) encontré dos formas de conservar las alcachofas que me obligaron a ir a la frutería a comprar esta delicia y ponerme manos a la obra. Pelarlas sigue siendo la parte más tediosa, pero el resultado es espectacular en ambos casos. ¡Apunta!
La segunda opción tiene un toque gourmet y el resultado es un manjar que podrás degustar directamente del bote
Receta clásica
- En un recipiente con agua fría añadimos sal y una cucharada de harina.
- Limpiamos bien las alcachofas, retirando las hojas duras hasta dejar solo los corazones.
- Corta en cuatro partes y frota cada una de ellas con un limón, así logramos que no se oscurezcan, algo que en las alcachofas ocurre en pocos minutos.
- Cuece en agua unos minutos y escurre bien. Colócalas en un recipiente amplio para que no se amontonen y se puedan enfriar rápido y cubre con papel film.
- Una vez que están frías, se colocan en un bote de cristal (previamente esterilizado) y se añade agua de cocción hasta que las cubra por completo.
- Cierra bien el bote y deja al baño maría al menos una hora. Así se eliminará todo el aire y la conserva se podrá guardar durante meses.
Sube el nivel
La segunda opción tiene un toque gourmet y el resultado es un manjar que podrás degustar directamente del bote. En este caso, las alcachofas se cuecen con un poco de sal, pimienta negra y clavo. El proceso es muy similar, solo que, en vez de rellenar el bote con agua de cocción, se añade aceite de oliva. Esto ayuda a que se conserven durante más tiempo, pero también le da un sabor mucho más especial y potente. Una pieza de esta conserva sobre un poco de pan tostado o en una ensalada con anchoas en salmuera es ya una delicia sin tener que trabajar mucho en la cocina. Sin duda, dos formas de conservar esta hortaliza tan especial que nos ayuda a disfrutar de su sabor en cualquier momento. ¿Con cuál vas a empezar?
