Kike está jubilado, pero lejos de vivir esta etapa con tranquilidad arrastra una terrible sensación de injusticia. Tras 44 años cotizados, tuvo que jubilarse antes de la edad mínima legal y la consecuencia fue una penalización del 24% en su pensión. Un recorte que, según denuncia, le acompañará de por vida y que considera desproporcionado.

La indignación aumenta cuando compara su situación con la de un amigo cercano. “Él tiene 38 años cotizados y se jubiló dos años más tarde de lo obligatorio. No solo no le penalizan, sino que le pagan un 108% de la pensión”, explica. Para Kike, la comparación es inevitable y el resultado, incomprensible e injusto.

Penalizado por jubilarse antes pese a cotizar más

Kike no cuestiona que existan reglas ni que se incentive retrasar la jubilación. Lo que no entiende es que alguien que ha cotizado más de cuatro décadas sea castigado de forma tan severa. Ha trabajado más años que muchos y aun así cobra bastante menos. La decisión de jubilarse antes no fue caprichosa, ya que tuvo que dejar de trabajar de forma no voluntaria. Sin embargo, la normativa actual penaliza con dureza estas decisiones, aplicando coeficientes reductores que, en su caso, suponen casi una cuarta parte de la pensión.

jubilado archivo europa press

Kike siente que el sistema castiga a quien empieza a trabajar antes y cotiza más, mientras premia a quienes prolongan su vida laboral aunque hayan aportado menos años al sistema. La comparación con su amigo es inevitable. Dos trayectorias laborales distintas, dos decisiones diferentes y un resultado que, para Kike, rompe cualquier lógica de equidad contributiva. Ya que al final, el que más aportó, es el que sale perdiendo.

Un sistema que premia a unos y castiga a otros

El sistema de jubilaciones anticipadas y demoradas busca garantizar la sostenibilidad de las pensiones, pero casos como el de Kike evidencian las grietas. Kike denuncia que e sinaceptable que se penalice a alguien que ha cotizado 44 años. Según explica, su amigo no solo cobra el 100% de la pensión, sino que recibe un incentivo adicional por retrasar su jubilación.

Kike no pide privilegios ni trato especial. Pide proporcionalidad y justicia. Considera que las penalizaciones deberían tener en cuenta los años cotizados de forma más clara y no aplicar recortes tan agresivos a quienes han sostenido el sistema durante décadas. Y mucho menos de forma perpetua. Así pues, su testimonio pone sobre la mesa un debate cada vez más presente entre los jubilados: si el actual modelo de pensiones es realmente justo o si, como cree Kike, castiga a quienes más han aportado.