Francisco Tortajada resume en una sola frase una forma de entender el esfuerzo que hoy genera mucha controversia: “Para tener casa hay que sacrificarse, estuve cuatro años sin salir a la calle”. No se refiere a un encierro literal ni a una exageración. Habla de una etapa concreta de su vida en la que, según relata, toda su rutina giraba en torno a trabajar, ahorrar y reducir al mínimo cualquier gasto que no fuera estrictamente necesario.
Durante aquellos años, su prioridad fue la de pagar la vivienda que había comprado. Los domingos, explica su entorno, dejaron de ser días de ocio. No había comidas fuera, ni escapadas, ni gastos que no fuean necesarios. La lógica era que cada euro que no se gastaba aceleraba el objetivo de estabilizar la situación financiera y cumplir con las obligaciones de la hipoteca.
Ahorro extremo y disciplina financiera
El testimonio refleja una mentalidad que fue habitual en generaciones anteriores. En un contexto de salarios ajustados y acceso más complicado al crédito, la vivienda representaba un compromiso vital que exigía una fuerte disciplina presupuestaria. El ocio se convertía en un lujo prescindible. La vivienda no era vista como algo optativo, era una meta prioritaria que justificaba renuncias prolongadas durnate muchos años.
No se trataba únicamente de reducir gastos, sino de asumir un estilo de vida austero a cambio de un hogar en propiedad. La planificación financiera era constante. Control del consumo, eliminación de caprichos y una visión a largo plazo. En esa lógica, la satisfacción no residía en el disfrute inmediato, sino en la seguridad futura que proporcionaba tener una casa en propiedad.
Cambio generacional y choque de perspectivas
Francisco Tortajada interpreta esa experiencia desde una mirada crítica hacia el presente. Considera que, en comparación con su época, muchos jóvenes priorizan el disfrute y la calidad de vida del presente. Viajes, ocio y experiencias ocupan un espacio central en la cultura de las nuevas generaciones, algo que contrasta con la idea tradicional. Las condiciones del mercado inmobiliario actual son radicalmente distintas. Precios más elevados en relación con los salarios, mayor precariedad laboral y dificultad para acumular ahorro inicial complican una comparación directa entre épocas.
La frase del jubilado conecta con una narrativa que dice que las nuevas generaciones no vinculan la propiedad inmobiliaria a la renuncia personal. Para Francisco, la vivienda fue el resultado de una etapa de restricciones severas. Para muchos jóvenes actuales, no puede ser así. El testimonio refleja un choque de visiones sobre dinero, estabilidad y prioridades vitales.
