La opción de ver a Álex Márquez dentro de la estructura oficial de Ducati ha quedado completamente aparcada, y así se lo habría trasladado Gigi Dall’Igna a Marc Márquez en una conversación directa y necesaria para enfriar expectativas. La decisión no responde a una cuestión técnica ni a dudas sobre el rendimiento del menor de los hermanos, sino a un análisis más amplio del contexto que rodea a la marca italiana.

Marc es el vigente campeón del mundo con la Desmosedici y el pilar deportivo del proyecto. Su peso dentro del box es indiscutible, tanto por resultados como por liderazgo técnico. Sin embargo, incluso una figura de su magnitud encuentra límites cuando entran en juego factores estratégicos vinculados a la imagen y al entorno. Ducati ha optado por no abrir la puerta a una negociación con Álex, consciente de la sensibilidad que despierta el apellido Márquez en Italia.

El nombre de Marc sigue siendo polarizante en determinados sectores de la afición italiana. Sus duelos históricos y su carácter competitivo han construido una figura admirada por su talento, pero también cuestionada en parte del público. Incorporar a su hermano a la estructura oficial habría intensificado esa narrativa en un mercado que para Ducati es fundamental.

Una decisión estratégica más allá de lo deportivo

En Borgo Panigale se analiza cada movimiento bajo una doble dimensión: competitiva e institucional. Desde el punto de vista puramente técnico, la unión de los hermanos Márquez habría tenido una lógica evidente. Dos pilotos con experiencia, conocimiento mutuo y capacidad para trabajar en la misma dirección podrían haber formado un bloque sólido y altamente productivo en el desarrollo de la moto.

Marc Márquez Ducati / Foto: EFE
Marc Márquez Ducati / Foto: EFE

Si la decisión hubiese dependido exclusivamente de Gigi Dall’Igna, el planteamiento habría sido distinto. El ingeniero italiano es un firme defensor del talento como eje central del proyecto y es plenamente consciente del potencial conjunto que tendrían Marc y Álex compartiendo estructura oficial. La sinergia deportiva, el intercambio de información y la cohesión interna habrían ofrecido ventajas claras en pista.

No es ningún secreto que Dall’Igna valora el rendimiento por encima de cualquier otro factor. Sin embargo, su margen de maniobra no es absoluto. Ducati es una marca profundamente ligada a la identidad italiana, y cualquier movimiento que pueda generar una reacción adversa en su propio país se evalúa con cautela extrema.

El peso del entorno italiano

La incorporación de Álex Márquez no solo se habría interpretado como una apuesta deportiva, sino como un gesto simbólico de gran calado. Para una parte de la afición italiana, ver a los dos hermanos liderando el proyecto oficial habría sido difícil de digerir. La percepción de que Ducati gira en torno a un núcleo familiar extranjero podría haber desencadenado un debate mediático incómodo.

En este sentido, la negativa a negociar no es una desautorización directa a Marc, sino una medida preventiva para evitar un desgaste institucional. La marca no quiere abrir un frente innecesario en su mercado doméstico, especialmente en un contexto donde cada detalle cuenta a nivel reputacional.

La conversación entre Dall’Igna y el campeón deja claro que el proyecto deportivo tiene límites estructurales. Marc sigue siendo la referencia en pista y el principal activo competitivo de Ducati, pero la planificación global no se construye únicamente en torno a preferencias personales.

Así, la puerta para Álex permanece cerrada, no por falta de nivel, sino por una decisión estratégica condicionada por el entorno. Una determinación que añade tensión en el plano interno y que demuestra que, en MotoGP, el equilibrio entre rendimiento y percepción pública puede ser tan determinante como la velocidad en pista.