Superada la investidura fallida de Alberto Núñez Feijóo sin sorpresa alguna, llega ahora el turno de Pedro Sánchez, que dispondrá de aproximadamente dos meses para presentarse en el Congreso de los Diputados respaldado por una mayoría suficiente de diputados que le asegure su permanencia en el palacio de la Moncloa. Dos previas: más allá de la aritmética y de los resultados del 23 de julio, que han condenado a Núñez Feijóo, el gallego no ha hecho un mal debate. Es más, en las dos jornadas del Congreso de los Diputados, el martes y el miércoles, porque la de este viernes no cuenta, se ha revelado como un parlamentario dialécticamente brillante e irónico, capaz de preparar a fondo los temas y ahí están sus duelos dialécticos con el vasco Aitor Esteban o con los catalanes Gabriel Rufián y Míriam Nogueras.
Consciente de que no lograría la investidura, Feijóo podía quedar descabalgado como líder de la oposición y que el PP empezara a buscarle un sustituto. Es muy posible que a algunos de los que así pensaban les sea ahora más difícil, porque ese papel de jefe de la oposición se lo ha ganado estos días. Si algo tienen los plenos del Congreso, es lo fácil que se puede palpar entre los diputados la cotización de sus dirigentes y Feijóo ha salido aplaudido por los suyos en un gesto que no ha parecido de compromiso. Cara a una hipotética repetición electoral, su cotización no está a la baja y ha vuelto a suceder algo que ya pasó en el duelo televisivo que protagonizó con Sánchez en la pasada campaña electoral. El resultado ha sido que, como entonces, ha superado las expectativas, y el presidente en funciones hizo bien en mandarle el exalcalde de Valladolid Óscar Puente a confrontarse con Feijóo en su moción de censura, ya que solo tenía a perder.
Superado este trámite, el lunes y martes Felipe VI iniciará la nueva ronda para proponer un nuevo candidato que debería ser Pedro Sánchez. Llega, finalmente, el turno del socialista y, de alguna manera, llega su hora de la verdad. El momento en que tendrá que decidir si emprende un camino que no tiene vuelta atrás con los votos del independentismo catalán y el pago previo de la amnistía aprobada por el Congreso o los interrogantes que pueda tener le llevan a dejar que las semanas pasen y que haya nuevas elecciones el 14 de enero. Todo apunta a que la primera opción va a ser la escogida y que la semana próxima puede ser la de la salida de su investidura, que no será tan rápida como Sánchez pretendía y que finalmente ha acabado entendiendo. Estamos hablando, por tanto, de una investidura que nunca sería en octubre y que se aproximaría bastante al límite legal previsto.
Como era previsible, el episodio de tensión del jueves con las resoluciones de Junts y ERC respecto a la amnistía y la autodeterminación y la respuesta del PSOE ha quedado aparcado después de que ambas partes contuvieran los efectos negativos que pudieran representar y rebajaran la tensión. Este rifirrafe antes de las jornadas definitivas ha tenido, como se dice en catalán, mucho més pa que formatge, que viene a querer decir dar más importancia que lo que tiene, a lo que no pasa de ser una exageración puntual del momento. Habiendo quedado claro que el texto completo de la amnistía aún no está cerrado y a punto para entrar en el Congreso, el trabajo deberá empezarse a completar, porque el calendario empezará en muy pocos días a ser preocupante para el candidato socialista. De todas maneras, el presidente en funciones, acostumbrado a manejar los tiempos, ya hace muchas fechas que decidió que no empezaría a dar pasos de verdad hasta que Feijóo hubiera fracasado en su investidura.
Y ese momento ha llegado. Como ya ha visto durante las últimas semanas en Madrid, le esperan con la artillería preparada enfrente, tanto la mediática como la judicial e incluso la eclesiástica. La primera ya hace tanto tiempo que es poco impresionable. La segunda, se ha movido esta semana con la asociación de fiscales pidiendo la intervención de la Comisión Europea para impedir la amnistía, llegando incluso a pedir sanciones para España. Curiosa manera de entender la separación de poderes. ¿O acaso la amnistía no es cosa del Congreso de los Diputados? ¿En qué momento una decisión política tiene que ser sometida al escrutinio de los fiscales o de la Iglesia? La España que quiere continuar mandando se resiste como gato panza arriba a cualquier cambio. También en eso, ninguna novedad.