Todo apunta que la fecha escogida para votar el nuevo Parlament de Catalunya será, si la evolución de la pandemia del coronavirus no da al traste con ella, como sucedió la pasada primavera en el País Vasco y Galicia, el próximo 14 de febrero. Una fecha poco habitual para una cita con las urnas dado que en invierno no suele haber una jornada de votación. De hecho, nunca desde las primeras elecciones catalanas celebradas el 20 de marzo de 1980 ha habido una jornada electoral tan temprana en el calendario y que solo se justifica por la abrupta intervención del Tribunal Supremo inhabilitando al president de la Generalitat por colgar una pancarta sobre los presos políticos, algo que vale la pena recordar todas las veces que haga falta. Estamos, por tanto, si no hay una súbita e improbable modificación, a falta de 135 días de que se escojan los parlamentarios de la XIII legislatura que, cosas del azar, también serán 135.
El reloj electoral se ha puesto ya en marcha y aún hay muchas más incertidumbres que certezas: partidos sin un candidato decidido, alianzas electorales por concretarse o por descartarse, y formaciones en la rampa de salida sin tener asegurada una representación parlamentaria. Cada partido se puede decir que tiene en mayor o menor medida decisiones a adoptar que acabarán teniendo sus consecuencias. En el espacio independentista quien más avanzadas tiene sus decisiones es Esquerra Republicana: tiene candidato —Pere Aragonès— y tiene una estrategia que hasta la fecha ha superado con buena nota los escollos electorales —elecciones españolas y municipales, no tanto las europeas—. Quizás las dos principales decisiones a adoptar son si incorpora a Marta Rovira en un lugar destacado de la candidatura, que bien podría ser el número dos por Barcelona, y si desplaza de la lista de Girona a la de Barcelona al president del Parlament, Roger Torrent.
Muchos más interrogantes presenta la lista de Junts per Catalunya, cuyos dirigentes siguen en ascuas sobre si Carles Puigdemont aceptará finalmente ser el cabeza de cartel electoral, algo a lo que a día de hoy se sigue resistiendo. Son muchos los que apuestan porque al final será así pero la carpeta aún sigue sin estar cerrada. Más allá del nombre de Puigdemont, Junts apuesta por poner toda su artillería en la candidatura y que ningún nombre quede fuera aunque su destino no sea hoy la política catalana. Es el caso de Laura Borràs. Es más que probable que el presidente de la Cambra de Comerç, Joan Canadell, acabe figurando en la lista y no sea el único nombre de fuera del partido. También está abierto el tema de las alianzas, sobre todo con Demòcrates y con el PDeCAT. Con la formación de Antoni Castellà es probable, con la de David Bonvehí, cada vez es más imposible. De hecho, el PDeCAT situa como la opción más probable presentarse en solitario el 14-F y la exconsellera Àngels Chacón saca varios cuerpos de ventaja a otros aspirantes.
Respecto a la CUP todo son rumores ya que el proceso interno de la organización para la elección de candidatos no se ha abierto. Sí que existe un tam-tam de que en esta ocasión la formación anticapitalista apostará por una lista reconocible por los electores en sus primeros lugares y se especula con David Fernàndez, Anna Gabriel y Dolors Sabaté. Habida cuenta de que la CUP tiene por diferentes motivos fronteras electorales con partidos tan diferentes como Esquerra, JxCAT y los comunes, en todos ellos hay una especial inquietud sobre estos movimientos.
El PSC jugará por última vez, seguramente, la apuesta de Miquel Iceta, una vez parece del todo descartado el retorno del ministro de Sanidad, Salvador Illa, con el que en algunos momentos se ha llegado a especular. Esta opción no está sobre la mesa ya que la situación de pandemia la hace inviable. En el PSC se trabaja con una lista sin noticias relevantes una vez sus dos pesos pesados mediáticos, el citado Illa y la presidenta del Congreso de los Diputados, Meritxell Batet, no se ven en el próximo Parlament.
En Comú Podem ya eligió a Jéssica Albiach, su líder en el Parlament, hace varios meses. Ciudadanos ya tiene escogido a Carlos Carrizosa y lo que sí existe es una fuerte competición entre sus diputados por ocupar el mejor puesto posible en las listas ya que las expectativas de la formación naranja son de que van a perder más de dos terceras partes de sus parlamentarios. El PP, siguiendo una vieja tradición, tiene a Casado buscando debajo de las piedras candidato sorpresa, pero el anzuelo no parece bastante interesante por ahora para nadie. Y este es el ramillete de formaciones que juegan la partida del 14-F porque el resto no parece que tengan opciones aunque tengan detrás dinero para jugar la partida y cobertura mediática para no estar desaparecidos.
