Los libros de paleoantropología acostumbran a ser aptos sólo para iniciados, porque son densos, difíciles de entender y basados en largas y detalladas descripciones de trozos de esqueletos. Richard Wrangham quiso hacer un libro de paleoantropología diferente, y lo consiguió: En llamas. Cómo la cocina nos hizo humanos (ed. Capitán Swing) es un libro ágil, entretenido, que puede enganchar a gente que no tiene especial formación en la evolución humana pero que siente interés por esta. Pero, además, no es el típico libro divulgativo, que se limita a explicar de forma clara lo que otros investigadores explican de forma críptica, sino que expone una teoría propia de forma brillante: ¿fue la cocina el elemento clave de la formación de la humanidad?

Ni estar de pie ni el pulgar

En las últimas décadas los paleoantropólogos (y no sólo ellos) han discutido mucho qué es lo que hace hombre al hombre... Todos están de acuerdo con que el hombre tiene ciertas especificidades muy claras (como la capacidad de imponerse al resto de especies o la de adaptarse a entornos ecológicos muy diversos). Pero ni está claro cuál de estas características es la más significativa, ni hay consenso sobre qué transformación del humano es determinante y acaba generando las otras. Muchos especialistas habían afirmado que la posición erecta era determinante del resto de cambios. Pero también había académicos que opinaban que la forma de la mano humana era lo que había permitido convertir al hombre en lo que es ahora, porque su peculiar forma le permitía fabricar herramientas. Richard Wrangham, en cambio, considera que el elemento determinante de estos cambios es la cocina.

Cocinar os hará libres

Wrangham apunta que el hecho de controlar el fuego y cocinar los alimentos es lo que permitió que los humanos consumieran mayor cantidad de energía y eso les permitió disponer de un cerebro anómalamente grande (a partir del que se desencadenarían el resto de cambios). Es lo que él denomina "la hipótesis culinaria". El texto va más allá de la boutade o del aprovechamiento de la moda gastronómica. Wrangham sostiene su tesis en un montón de estudios de otros especialistas. En primer lugar, demuestra que la cocina no es un lujo y apunta que se ha probado que los humanos que consumen exclusivamente productos crudos tienen problemas por falta de energía (lo que, según este primatólogo, se agravaría mucho en una sociedad de cazadores y recolectores, donde ni siquiera se podría garantizar la capacidad de reproducción de la sociedad). La dieta crudívora, pues, lejos de ser conveniente, sería absolutamente negativa. En ciertas condiciones, apunta Wrangham, habría conducido a la extinción de la especie.

La gran incógnita

El libro de Wrangham es brillante, provocador, ilustrado, bien estructurado... Es fruto de una inspiración lúcida, trabajada de forma muy sistemática y presentada de forma clara y divulgativa. Incorpora datos procedentes del campo de la primatología, de la arqueología, de la nutrición, de la paleontología, de la química, de la medicina, de la etnografía... Este primatólogo muestra una gran capacidad para un análisis multidisciplinar que no es frecuente en las ciencias sociales actuales. El problema básico se que, hasta ahora, las evidencias arqueológicas no consiguen probar la hipótesis culinaria. Todas las pruebas obtenidas en yacimientos apuntan a que el uso del fuego por parte de los humanos (y, en consecuencia, la cocina), apareció de forma mucho más tardía de lo que sospechaba Wrangham. Pero para otros las pruebas a favor o en contra no son suficientes para validar ni para refutar la tesis de este primatólogo. Todavía no sabemos a ciencia cierta si el mono se hizo hombre cocinando.

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