Despidos masivos en Catalunya: ¿qué está pasando?

- Xavier Alegret
- Barcelona. Lunes, 25 de mayo de 2026. 05:30
- Tiempo de lectura: 3 minutos
En las últimas semanas hemos publicado más noticias de despidos masivos de lo que era habitual en los más de dos años y medio que llevo en ON ECONOMÍA. Los expedientes de regulación de empleo (ERE) están a la orden del día, y ya no son ERTE, es decir, temporales, sino que se trata de ajustes de plantilla definitivos, estructurales, o directamente de cierres de fábricas o unidades productivas.
Los datos del Observatori del Treball i Model Productiu de la Generalitat de Catalunya corroboran esta percepción. Los despedidos por un ERE en Catalunya se han disparado un 36% entre enero y abril, hasta las 2.977 personas. Aunque es una cifra todavía modesta para que tenga un impacto significativo en las grandes estadísticas de paro y empleo, sí que muestra una tendencia, ya que ha habido incrementos los cuatro meses del año.
Todo apunta, además, a que la tendencia tendrá continuidad en los datos de este mes y los próximos. Los datos del Observatorio hacen referencia a expedientes ejecutados, es decir, que contabilizan a la persona cuando ya ha dejado su puesto de trabajo. Pero hay varios todavía no ejecutados, en negociación o anunciados recientemente, como los de Nissan, Ficosa, Glovo, Nestlé, Serra Soldadura, Quality Espresso, Majorel, Inetum, Avis y Capgemini, entre otros.
No nos engañemos: crisis empresariales y deslocalizaciones ha habido siempre. Pero cuando se acumulan en el tiempo, entonces hablamos de otra cosa. Hablamos de una tendencia, y una tendencia debe tener una causa. Ni es casualidad ni puede ser ya la decisión de una multinacional que, por problemas particulares, tiene que hacer una reestructuración o concentrar su producción mundial en las plantas con menos costes laborales.
La industria vive ahogada entre la presión regulatoria y administrativa y los costes energéticos, muy superiores a los de los competidores de China y EE. UU.
No es fácil explicar lo que está pasando, y simplificar siempre tiene el riesgo de olvidar una parte de las causas. Pero sí que se observan dos fenómenos: la crisis de la industria y la irrupción de la inteligencia artificial. El primero es más preocupante que el segundo porque hablamos del núcleo de la economía catalana y porque se le puede poner remedio, mientras que el segundo es imparable, aunque nos tengamos que adaptar.
Muchas de las empresas que están presentando ERE son industriales y hablamos de reducciones importantes de plantilla o directamente de cierre de fábricas. Detrás puede haber muchas causas, tanto particulares como sectoriales y de contexto. Encontramos a Nissan, que cerró la fábrica de la Zona Franca hace cinco años y ahora, con el grupo en crisis, recorta lo que le queda en Barcelona. También Ficosa, proveedor que sufre la crisis del automóvil y que está haciendo una transformación. O Serra Soldadura, que cierra.
Más allá de las causas de cada empresa y sector, es evidente que la industria europea vive una crisis importante. No hace falta ya ni recordar el informe Draghi, pero sí que hay que poner énfasis en que, de momento, se ha hecho muy poco. El sector vive ahogado entre la presión regulatoria y administrativa y los costes energéticos, muy superiores a los de los competidores chinos o estadounidenses. La exigente normativa medioambiental de la Unión Europea obliga a las industrias a mover papeleo y gestiones administrativas, cosa que consume tiempo y dinero. A veces, estas exigencias rozan el ridículo, como nuestro columnista Pau Vila, presidente del Instituto Ostrom y empresario de la industria del papel, ha explicado en numerosos artículos, ya que lo vive en carne propia.
Los costes energéticos son otra de las desventajas competitivas de la industria europea. Una de las causas hay que buscarla en el liderazgo que ha tomado la UE en cuanto a descarbonización y electrificación de la economía, cosa que no es mala por sí misma, pero sí cuando no estás lo suficientemente cubierto para posibles crisis. Esta apuesta dejó una parte de Europa muy dependiente del petróleo y gas ruso, cosa que se evidenció con la guerra de Ucrania. Esto lo sufrió especialmente Alemania, el motor industrial de la UE, que, además, estaba cerrando las nucleares. El cóctel perfecto para una crisis del sector y, por lo tanto, de la economía.
Las empresas sustituyen mano de obra por tecnología no solo para ahorrar costes, sino, sobre todo, para sobrevivir
Es cierto que España está en una situación un poco mejor gracias a la apuesta por las renovables. El hecho de que durante el día, especialmente los meses con más sol, buena parte de la electricidad la produzcan los parques eólicos y fotovoltaicos, hace que tenga los precios más bajos de la UE, ya que las renovables aportan energía a coste cero. Además, muchas fábricas tienen placas solares, cosa que abarata aún más su factura. Pero las empresas que dependen más del petróleo y el gas sí que sufren su encarecimiento.
La irrupción de la IA también está provocando ya despidos en todo el mundo y también en nuestro país. En este caso, no se trata de empresas que presenten un ERE porque están en crisis, sino porque la inteligencia artificial ya hace el trabajo que hacían decenas o centenares de personas. Esto ocurre en todo tipo de compañía, en las áreas de atención al cliente, pero especialmente en empresas tecnológicas o aquellas que les dan servicio.
El caso con más afectación en nuestro país es el de Majorel, del grupo francés Teleperformance, que ha presentado un ERE para despedir a 347 trabajadores de sus oficinas de Barcelona, dos tercios de su plantilla, y 422 más en Zaragoza. Los de la capital catalana trabajan como moderadores de contenido para TikTok, mientras que los aragoneses lo hacen en atención al cliente para una tecnológica. El motivo es claro: ahora la IA puede hacer este trabajo con un coste infinitamente más bajo. Las empresas sustituyen mano de obra por tecnología no solo para ahorrar costes, sino, sobre todo, para sobrevivir: si no lo hacen, serán menos eficientes que los competidores que sí lo hacen y perderán los contratos.
Procesos como este veremos cada vez más, porque las empresas que puedan están obligadas a usar la IA para mejorar y abaratar procesos; si no lo hacen, tendrán que cerrar. Y las víctimas serán los centenares o miles de trabajadores que se quedarán en el paro. Esto no se puede evitar ni revertir. Puede tener solución mediante el reciclaje, porque una revolución elimina unos puestos de trabajo y crea otros, pero ahora mismo todavía cuesta vislumbrarlo. En todo caso, lo dejo para otro artículo.