En la UE, el transporte de pasajeros y mercancías genera un 5% del PIB y emplea a unos diez millones de personas. Sus emisiones equivalen al 25% de las emisiones totales de gases con efecto invernadero de todo el territorio de los 27. Para 2050, el objetivo global es que las emisiones sean iguales a cero, pero hay un subsector del transporte, el de la aviación civil, que da ya por hecho que no va a conseguir alcanzar esa meta.

Como mucho, un 70% menos

Lo indica un reciente informe elaborado por la consultora independiente Bain & Company: incluso en un escenario en el que la industria mundial crezca a un máximo del 3% anual, la aviación civil sólo podrá haber disminuido sus emisiones en 69%. ¿Por qué? Pues porque el incremento de la demanda absorberá el impacto de casi todas las mejoras que se implementen. De esos 69 puntos porcentuales menos, 43 corresponderán a mejoras en la eficiencia del consumo de carburantes. El problema es que eso se producirá al tiempo que la flota mundial de aviones se duplique.

 

¿Hay salida?

Más allá de ensayos con hidrógeno como los de Rolls&Royce, las esperanzas de las compañías están en los combustibles sostenibles, que podrían además servir para reindustrializar países como el nuestro, pues procederán de residuos agrícolas. Estos combustibles convivirán con el queroseno tradicional, con el que podrían mezclarse y permitirán recortar las emisiones en unos 23 puntos en el mejor de los casos. ¿Qué queda pues? Probablemente, el camino sea el que marca Francia: menos vuelos y más tren aunque, todo sea dicho, hay quien señala que el impacto de la medida es más cosmético que otra cosa. Con todo, hay algo evidente: es más fácil obligar a un particular a cambiar de coche que hacer que las grandes compañías aéreas hagan lo mismo. En 2019,  las emisiones generadas por turismos equivalían a un 60% del total y las generadas por la aviación civil, a un 13%. Subir los billetes también es una opción, porque de lo que se trata es de reducir la demanda. La otra opción, peor para las grandes aerolíneas, implica invertir hasta dos billones de euros para mejorar todavía más en eficiencia y sostenibilidad. Si has de viajar, no lo dudes: en breve será mucho más caro.