La revolución verde está en marcha pero, además de no avanzar según lo esperado en lo que se refiere a la movilidad personal, todavía no ofrece respuestas para el transporte aéreo. Los sistemas de baterías son incapaces de garantizar el suministro de energía en vuelos de larga distancia y, por mucho que Rolls Royce lo haya testado con éxito, aún no está claro si el hidrógeno podrá ser una alternativa al queroseno. ¿Qué queda entonces? Desarrollar nuevos combustibles que, en inglés, tienen hasta nombre: Sustainable Aviation Fuel (SAF). Sólo en España, su desarrollo podría permitir crear hasta 270.000 empleos.

biocombustible RollsRoyce
 

¿De qué tipo de combustibles hablamos?

De momento, se barajan dos opciones: combustibles orgánicos producidos a partir de aceites vegetales, grasas animales, biomasa o residuos agrícolas y, también, combustibles sintéticos generados a partir de dióxido de carbono capturado en procesos de combustión de hidrógeno verde. Tanto en uno como en otro caso, reducen las emisiones de CO2 de origen fósil entre un 60 y un 100%, pero producir un litro cuesta hasta tres veces más que producir un litro de queroseno.

avion verde ecologico biocombustible getty
 

¿La solución para las zonas rurales?

Según un estudio elaborado por PwC, si España es capaz de desarrollar de aquí a 2050 treinta plantas capaces de producir SAF podría añadir 56.000 millones de euros a su PIB y crear unos 270.000 empleos. Para ello, eso sí, haría falta invertir 22.000 millones de euros. Hoy, en España sólo producen SAF en nuestro país Cepsa, Repsol y BP, pero sólo cubren con los litros que fabrican el 0,05% de la demanda global de estos combustibles que, mezclados con queroseno convencional, permitirían volar a los aviones que ya funcionan. Según Iberia, España tiene “la oportunidad” de convertirse en “una gran potencia productora de SAF” ya que dispone de residuos forestales, agrícolas y ganaderos en abundancia. El estudio de PwC cifra en siete millones de toneladas anuales la capacidad de producción española. Si se construyen unas 30 plantas de biocombustible y 5 de combustible sintético, se podría cubrir el 100% de las necesidades nacionales. De entrada, parece prometedor pero, ¿a nadie le recuerda lo que se nos contaba cuando España se llenó de proyectos de plantas de biodiesel? Muchas, están cerradas. El SAF puede ser una oportunidad para todas ellas si los reguladores no frustran estan esperanza.