No hay duda que la inmigración ha sido el tema informativo de este agosto, que acaba con la apertura por parte del Govern balear de la batalla jurídica contra el reparto de menores migrantes, con un recurso ante el Tribunal Supremo. La negativa del ejecutivo de la popular Marga Prohens en el plan de Madrid viene marcada, principalmente, por la crisis migratoria a la cual está sometido el archipiélago: han llegado más de 4.800 migrantes en patera desde que empezó el año —un 80% más que el año pasado—, de los cuales unos 1.500 solo este mes que ahora cierra. Entre estas personas hay muchos menores, y no es de extrañar que se hable de situación límite a las Islas. De hecho, es normal que haya quien ve paralelismos con las Canarias y su ruta —en la cual, precisamente, este viernes se ha vivido una de las peores tragedias—. Es este contexto el que nos lleva a hablar de los fallos de la crisis migratoria balear, después de un mes de llegadas prácticamente diarias de embarcaciones irregulares.

La ruta balear forma parte de la llamada ruta argelina hacia puntos del este de Andalucía, Murcia, el sur del País Valencià y las mismas Illes, y en la cual han muerto 328 personas entre en enero y en mayo de este año. Fue el pasado miércoles 20 de agosto cuando un nuevo naufragio con muertos en el sur de Mallorca dejó al descubierto los problemas de gestión por parte las autoridades competentes. El hecho es que la oenegé Caminando Fronteras había alertado tres días antes de la desaparición de la embarcación en cuestión, de que había partido desde Boumerdès (Argelia) el pasado 13 de agosto —tal como confirmó la Cruz Roja—, después de recibir una llamada desde Somalia. Si bien desde Salvamento Marítimo aseguraron que se habían movilizado, la activista de la organización Helena Maleno tiene muchas dudas que hubieran movido uno solo dedo.

Salvamento Marítimo tiene un sesgo racista

Las dudas de esta defensora de los derechos humanos se ven reforzadas cuando nos fijamos en que la historia se repitió poco después, cuando al menos doce migrantes desaparecieron a 30 millas de la isla de Cabrera ahora hace una semana. Aquella embarcación había salido el 17 de agosto, seis días antes de la noticia. En conversación con ElNacional.cat, Maleno es muy clara: "Cuando alertamos de la embarcación, nos dijeron que llamáramos a la Cruz Roja". "Salvamento Marítimo tiene un sesgo racista", sentencia, compartiendo opinión con la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) —que había acusado a esta sociedad dependiendo del Ministerio de Transportes de someter los migrantes a "esperas inhumanas" y dar preferencia al rescate de turistas—. Un informe reciente de la misma oenegé Caminando Fronteras ya apuntaba lo siguiente: "Uno de los factores más alarmantes identificados en esta ruta (la argelina) ha sido la falta de activación temprana de medios de rescate ante las alertas (...). A eso se suma una débil colaboración con Argelia".

En cambio, la responsable de Socorro y Emergencias de la Cruz Roja en las Illes Balears, Victòria Avellà, explica a este medio que ellos no tienen ningún problema con Salvamento Marítimo, con quien trabajan de manera "coordinada". "La prioridad es salvar vidas", insiste. El equipo que coordina Avellà es el que presta la primera atención de emergencia a las personas rescatadas. Garantizan la alimentación y la hidratación, así como un mínimo de confortabilidad con ropa e higiene. Y después, analizan la vulnerabilidad.

Somalia y la ruta argelina

La responsable recuerda que su institución hace un seguimiento de los casos más vulnerables, una vez quedan en libertad. No se refiere a los menores, que son competencia de los consejos insulares —y que son ahora el foco de las quejas del Gobierno del PP—, sino a mujeres, personas mayores, personas con discapacidades... La responsable destaca que este tipo de perfiles vulnerables han aumentado en el último año, coincidiendo con los cambios de tendencia en la ruta migratoria. Tanto Avellà como Maleno resumen estos cambios: hasta 2023, principalmente llegaban personas procedentes de Argelia; entonces la situación evoluciona y la mayoría (un 80%) provienen del África subsahariana —de países como Mali, Guinea y Benín—; ahora, del Cuerno de África —es decir, de países como Somalia y Sudán del Sur—.

Hay que tener en cuenta que Somalia es uno de los países más pobres del planeta, con una economía devastada después de una guerra civil de más de tres décadas. Cuando salen de allí, pueden transitar el continente durante meses hasta llegar a las Illes. La activista recuerda que "la mayor parte del flujo migratorio es entre países africanos" de personas que "huyen", y llegan a países donde las cosas pueden estar peor. Destaca el caso de Túnez, por ejemplo, donde el presidente, Kaïs Saïed, ha llegado a hacer un llamamiento para "la limpieza de la negritud". De aquí que muchos de los migrantes abandonaran el país hacia Argelia, donde tampoco tienen las cosas fáciles. Todo ello hace alargar los periplos, hasta el punto que la responsable de la Cruz Roja afirma que se han encontrado personas que hacía más de dos años que habían abandonado su casa.

Cuando niegas la existencia, no hacen falta medios

Como hacen periplos tan largos, es habitual que lleguen mal. Avellà relata que los argelinos todavía "llegan bien", pero que la situación del resto de migrantes es "muy heterogénea". El peor de los casos es cuando se han perdido, ya que "están preparados solo para dos o tres días". Así, a menudo llegan deshidratados, hambrientos, con quemaduras solares, de gasolina, del plástico de la embarcación... Por eso la tarea de la Cruz Roja en la primera atención es tan importante, aunque a menudo tardan un solo día en marcharse. La organización los ayuda a llegar a la Península, desde donde suelen reanudar la migración, ahora hacia el norte de Europa. Vale decir que las personas vulnerables sí que son trasladadas a centros del resto del Estado, aunque el Gobierno ya ha iniciado los trámites para habilitar infraestructuras en los puertos de Palma, Eivissa y Formentera para brindarles atención temporal. Formentera es, justamente, la isla con más presión —casi la mitad de las llegadas—, por su proximidad a Argelia.

Hay que tener en cuenta que entre las personas que llegan "hay potenciales refugiados", según la activista, que asegura que no reciben suficiente información por parte de las autoridades cuando son rescatadas: "¿Se les informa del derecho de asilo? ¿O lo que importa es que salgan de las Baleares?". "No se les aplica un protocolo de derechos humanos", lamenta. Lo que queda claro es que hacen falta más medios —como ha pedido Prohens en varias ocasiones, pero es complicado que el Gobierno destine más si no se reconoce el problema: "No se reconoce la ruta, es una desprotección del derecho a la vida. Cuando niegas la existencia, no hacen falta medios". Y todo se complica en un ambiente de odio y de deshumanización, como demuestran las palabras de Santiago Abascal sobre Open Arms. Para Maleno, la situación de este agosto no ha tenido sentido, y la sensación es de unas Canarias 2.0.