El béisbol es un deporte de masas en los Estados Unidos. Esta semana ha tenido una gran repercusión la noticia de que Eduardo Rodríguez, pitcher de los Red Sox de Boston, uno de los grandes equipos del país, ha sido diagnosticado con inflamación del músculo cardíaco, debido a una infección por coronavirus. 

La afección, conocida como miocarditis, generalmente es causada por una infección viral y provoca ritmos cardíacos anormales, además de afectar la capacidad del corazón para bombear sangre.  Y es que aunque el SARS-CoV-2 es un virus respiratorio, también puede dañar el corazón y otros órganos. 

Un estudio publicado esta pasada semana en la revista médica JAMA Cardiology, ha concluido que la gran mayoría de las personas que han desarrollado una forma leve de la COVID-19 también muestran signos de daño cardíaco, a veces meses después.

Alrededor de dos tercios de las personas que han formado parte de esta investigación se habían recuperado en casa, con síntomas leves a moderados. En general, el 78 por ciento de las personas tuvieron resultados anormales de resonancia magnética cardíaca, un signo de cambios estructurales en el corazón. El 60% tenía inflamación continua en el corazón. Los autores del estudio describen que incluso las personas sin problemas cardíacos preexistentes y enfermedades leves mostraron signos de inflamación, así como cambios estructurales en este órgano.

Médico con estetoscopio

Los expertos que han participado en el estudio aseguran que se desconocen los efectos a largo plazo, pero que no hay duda de que el nuevo coronavirus puede afectar a este órgano. “Aproximadamente el 30 por ciento de los pacientes hospitalizados tienen evidencia de daño en sus células cardíacas”, aseguran. Los virus pueden dañar el corazón de varias maneras: infectando las células directamente, causando coágulos de sangre en los pequeños vasos del corazón, o mediante una respuesta inmune hiperactiva del cuerpo al virus. En algunos casos, estos efectos pueden ser graves. “Sabemos por otras infecciones virales del corazón que algunos pacientes desarrollan insuficiencia cardíaca”, afirman los expertos.

No solo eso, sino que se están reportando casos de pacientes que han sufrido una forma leve o moderada de COVID-19 y que ahora buscan tratamiento para síntomas persistentes como tos, falta de aliento y fatiga, así como dolor de cabeza, falta de concentración y debilidad meses después de haber desarrollado la enfermedad.

La Organización Mundial de la Salud aseguró el pasado mes de marzo que alrededor del 80 por ciento de las infecciones por SARS-CoV-2 son leves o asintomáticas, y el resto son graves y a menudo requieren hospitalización. Pero para algunas personas, leve o asintomático no significa no tener problemas.

Enfermera y paciente

En Estados Unidos, por ejemplo, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) realizaron una encuesta reciente en la que quedó patente que las personas que nunca fueron hospitalizadas por COVID-19 pueden experimentar síntomas persistentes, incluso si son jóvenes y no tienen antecedentes condiciones médicas.

De hecho, de las 292 personas encuestadas, alrededor de un tercio todavía tenía síntomas hasta 3 semanas después de que diera positivo por el nuevo coronavirus. De ellos, una cuarta parte tenía entre 18 y 34 años. Comparando con la gripe, más del 90 por ciento de las personas que la padecían y no fueron hospitalizadas se habían recuperado por completo dos semanas después de haberla padecido.

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