Siguen conviviendo juntos, pero aunque el divorcio no se ha consumado, ya hace tiempo que la separación entre JxCat y ERC es un hecho. Este miércoles, la tensión latente entre los socios de Govern ha alcanzado uno de los puntos de máxima ebullición, 24 horas después de dos movimientos que apuntaban en sentido contrario: la retirada temporal de la moción sobre autodeterminación de los de Torra y Puigdemont con el argumento "de facilitar las negociaciones con el PSOE" y el préstamo de senadores de ERC a JxCat para que puedan llegar a formar grupo propio en el Senado. Lo que parecía un acercamiento se ha acabado convirtiendo en un nuevo foco de conflicto.
La jefa de filas de JxCat en el Congreso, Laura Borràs, ha anunciado esta tarde desde Madrid que su grupo resucitará la moción en defensa de la autodeterminación que hace nada más 24 horas anunciaron que dejaban aparcada. Una acción que no podrá ser inmediata y que requiere de un nuevo trámite que se alargará por lo menos un mes. Por lo tanto, no sería como mínimo hasta finales de enero que podría votarse. El primer pleno después de las vacaciones de Navidad será el 22 de enero y por aquellas fechas, la investidura podría haberse materializado, si fructifican las negociaciones entre ERC y el PSOE.
Según ha explicado la exconsellera, la razón por la cual decidieron posponer la moción fue porque ERC se lo pidió a cambio de cederles los senadores necesarios para que JxCat pueda tener grupo propio en el Senado -un factor que acaba siendo determinante, por ejemplo, a la hora de recibir subvenciones para futuras elecciones. El argumento que dio ayer a Eduard Pujol, el encargado de anunciar que dejaban la moción en standby, fue otro: que lo hacían para no dar excusas al PSOE para levantarse de la mesa de diálogo.
La decisión de aceptar la condición de ERC -que los republicanos no niegan que existiera- se tomó durante la reunión con Carles Puigdemont en Waterloo donde, según apuntan fuentes conocedoras del encuentro, varios de los presentes expresaron su disconformidad. Lo que no se acabó de coordinar, como ha quedado patente, es el cómo se gestionaría la comunicación. De ahí la controversia y el desconcierto posteriores. Y que Borràs haya acabado corrigiendo las palabras de Pujol.
Si en JxCat ya había voces críticas con el retroceso, el hecho de que varios miembros destacados de Esquerra Republicana -Rufián, Tardà o Sabirà- hayan hecho posicionamientos públicos a través de las redes sociales sacando pecho del gesto de ceder senadores a sus socios de Govern y abrirles la puerta a su grupo del Parlamento Europeo, ha acabado de indignar a Torra y compañía. El president ha evidenciado su malestar con los republicanos durante la sesión de control en el Parlament, cuando ha exigido que se ponga la autodeterminación encima de la mesa y se ha desmarcado de las negociaciones con el PSOE. Un rato después, Puigdemont ha hecho un tuit críptico pero lo bastante elocuente quejándose de que "algunos tienen mucha prisa por hacer pasar gato por liebre".
A partir de aquí, nueva oleada de reproches en los pasillos. Tal como a puntúan fuentes de los republicanos, saben que son ellos quienes tienen la sartén por el mango, son los protagonistas exclusivos de las conversaciones con el PSOE, detectan nervios en JxCat y ven la recuperación de la moción de autodeterminación como la enésima gesticulación postconvergente.
A todo este revuelo hay que añadir las discrepancias surgidas entre ERC y JxCat con respecto al acuerdo de las juntas de tratamientos de prisiones por el cual se otorga el segundo grado y no el tercero a los presos independentistas.
