Juan Carlos I recibió a escondidas 1,7 millones de euros del sultán de Baréin y los ingresó en el banco suizo Mirabaud a nombre de la Fundación Lucum, con sede en Panamá. El principal beneficiario de esa fundación es el mismo rey emérito, aunque cuando cobró ese dinero no era emérito, sino el jefe de Estado del Estado español. Hay que sumar estos 1,7 a los 100 millones de dólares entregados por la casa real de Arabia Saudí con el mismo destino, de los que 65 millones (de euros) fueron a parar a otra cuenta a nombre de Corinna Larsen, la "amiga especial". Estos datos provienen de la investigación que un fiscal suizo sigue contra la fundación por blanqueo de capitales en relación al pago de comisiones en empresas españolas por el AVE entre Medina y la Meca.

Eso, y más cosas, se sabe porque lo publicó ayer El País.

¿Aparece el tema en las portadas de los diarios impresos? No. El País le dedica una promoción pequeña bajo la cabecera. No podía no hacerlo: la exclusiva era suya. El resto de portadas nada, cero.

Los diarios tienen excusa, claro. Ayer, el gobierno español anunció que el batacazo económico por la covid-19 afeitará más de nueve puntos del PIB y destruirá dos millones de puestos de trabajo; la deuda pública subirá al 115% del PIB y España tardará dos años en recuperarse. Se puede entender que esta catástrofe ocupe los títulos principales. Pero es complicado entender por qué no dedican algún titular secundario a las aventuras financieras del exjefe del Estado.

Quizás han pensado que a nadie sorprenderían unos hechos así o que son cosas de otra época y, por lo tanto, no merecen presencia en primera página.

Es extraño. El gobierno español convocó a la prensa ayer por la mañana, festivo por el Día del Trabajo y viernes de puente, para anunciar la estimación de daños económicos de la pandemia y los informes sobre la cosa que se han enviado a Bruselas. El BCE y otras instituciones —la Generalitat y un puñado de bancos, entre otros— habían informado de sus resultados y pronósticos el día antes.

Da toda la impresión de una anomalía si conoces las costumbres de la corte madrileña —los viernes por la tarde, tras la rueda de prensa del Consejo de Ministros, no queda ni un alma: algunos bromistas lo llaman "semana caribeña". Una convocatoria desacostumbrada, vaya. O no, porque cuando saltó el caso de los 100 millones, también competía con el estallido de la pandemia, mira por dónde.

La suerte —para algunos la desgracia— es que la investigación sobre la Fundación Lucum está en manos de la justicia suiza, que no la dejará correr como ha hecho el Congreso de los Diputados dos veces. Tarde o temprano, las portadas tendrán que hablar del asunto.

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