Dos titulares explican el estado de la política española hoy. ABC dice en portada que la nueva normalidad es pactar, aleccionando indirectamente al Partido Popular y su estrategia de la confrontación, que ayer excluyó al sumar sus votos a los del PSOE y Unidas Podemos, Ciudadanos y PNV, para aprobar el decreto de la nueva normalidad. La Razón matiza, diciendo que es un acuerdo forzado por la fragilidad de la situación económica y las "presiones internas y externas", que no permiten hacer al PP la oposición que corresponde. Con eso y la foto de los leones del Congreso chocando las garras que publica el tabloide monárquico —mal ejemplo de distanciamiento social, todo sea dicho— ya está todo dicho.

La versión barcelonesa de este espíritu de concordia la hace El Periódico, con un titular medio alegre y un tanto nostálgico que celebra el retorno del consenso, concepto taumatúrgico que hace vibrar a la prensa de la capital como el toque de campana hacía salivar al perro de Pàvlov.

Fíjate que El País lo da pequeño después de insistir en el "consenso" por tierra, mar y aire, incluso dedicando una semana seguida de portadas a hacer quedar a los de los PP como malos españoles por sus tejemanejes en Bruselas con el fondo de reconstrucción europeo. A ver, por una parte, tienen una exclusiva, muy interesante, sobre el decreto que regulará el trabajo a distancia. Es lógico que la den a toda portada. De otra, no hacer sangre es quizás un premio al PP por portarse bien. O no: todos tenemos un pensamiento malévolo de vez en cuando. En el editorial ("El sí del PP"), sin embargo, no se privan de recomendar a los de Casado que dejen de lado la crispación y contribuyan a "la reacción de la nación española ante su crisis más grave de los últimos decenios". No hace falta ni leer entre líneas.

Pedro Sánchez, que no hace una semana parecía un zombi, se ha fabricado una nueva mayoría que le permite sacar adelante una legislación que, entre otras cosas, consolida la recentralización del Estado a voluntad —salvo para Euskadi, a la que los seis votos del PNV han blindado la autonomía y aun saldrán ganando competencias. Además, Sánchez hace semanas que no necesita a ERC ni para disimular, cosa que cancela los argumentos del tipo "vende España a los independentistas" y etcétera, idea que hace reír a los diarios catalanes pero que tiene fuerza entre el kommentariat madrileño y, en fin, mortifica a cualquier español de bien.

Sólo tres diarios llevan en primera página la concesión del suplicatorio a la diputada Laura Borràs para que la condene (ay no: para que la juzgue) el Tribunal Supremo. Son El País, que parece que lo da más por la foto —la mejor imagen de las portadas de hoy—. Los otros dos son El Punt AvuiAra —lo contrario sería raro—. Ni La Vanguardia ni El Periódico —ni el resto de los diarios madrileños— se hacen eco del caso ni siquiera para decir que los independentistas se pelean como gatos. El mejor desprecio es no hacer aprecio, dicen.

Estas portadas hacen pensar si en la nueva normalidad política española el independentismo pinta algo, salvo ir desfilando por los tribunales, mientras las elecciones en Catalunya las convoca el Tribunal Supremo y del gobierno se encargan en Madrid a base de estados de alarma.

El Mundo es el único diario que queda en la trinchera de la confrontación. Hoy castiga a Podemos con una información de poca sustancia sobre un caso que no tendría más significación si no fuera por la bola que le da este diario, tantas veces —hoy también— órgano oficial de la "policía patriótica" o, como también la llaman algunos, la "brigada política". Leyendo el resto de titulares de portada se le ve enrabiado y rabioso. Protesta por todo y nada le gusta: las medidas de control en los aeropuertos "no sirven para nada", la ministra Montero da marcha atrás con la "tasa Google", el gobierno español pacta alargar los ERTE in extremis… Así todo. Buf, qué mal humor —y qué manera de depistarse.

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