Ya era delicada hace una semana y media la estabilidad de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno. Los gallegos lo acababan de hundir en unas elecciones autonómicas, y las negociaciones con Junts per Catalunya para llegar a un acuerdo definitivo de la amnistía se eternizaban. Ya era imprescindible cerrar con los independentistas la norma y pasar página, para dirigirse al siguiente capítulo, siempre farragoso: negociar y aprobar los presupuestos generales del Estado. Estalló precisamente en este instante una trama que, mezclada con la amnistía y los presupuestos, se ha convertido en un cóctel fatal para Pedro Sánchez. Parece que el PP haya olvidado la ley de amnistía, porque en los últimos días solo ataca al presidente del Gobierno con la misma munición: el caso Koldo, una trama corrupta que toca a quien fue su mano derecha, José Luis Ábalos, y que ya ha situado en el punto de mira a la presidenta del Congreso, Francina Armengol; con informaciones que llegan a disparar, también, contra la pareja del presidente español, Begoña Gómez.

La legislatura ha arrancado desde un túnel del que Sánchez todavía no ha podido salir, y los obstáculos que va encontrándose por el camino son cada vez más difíciles de esquivar. Parece ya prácticamente anecdótico que Podemos rompiera hace unas semanas con Sumar y que los morados se convirtieran en una fuerza más con quien negociar, con su particular guerra con Yolanda Díaz. Es un momento de extrema delicadeza, porque los miembros de la dirección del PSOE y algunos ministros no acostumbran a tener grandes problemas para hablar en privado sobre otras cuestiones, como ha pasado en los últimos meses con la amnistía, o también con los presupuestos. Pero las informaciones que aparecen durante estos días son tan sensibles que el entorno de Pedro Sánchez intenta pronunciarse prácticamente lo mínimo sobre este tema. El caso Koldo es mucho más tabú.

Hay nervios estos días en Madrid. El entorno de Francina Armengol, que ha acompañado a la presidenta del Congreso desde las Baleares hasta la capital española, asegura sentirse "sorprendido", y se ha visto obligado a hacer pedagogía en los pasillos del Congreso estos días para intentar aislar a la expresidenta balear del caso Koldo. A los jefes de filas socialistas, el nerviosismo se les ha mezclado con una especie de abatimiento. Fuentes socialistas admiten sentir "dolor" por el desenlace de la relación entre José Luis Ábalos y el PSOE; y el mismo Ximo Puig llegó a reconocer sentir "mucha tristeza" al ver la rueda de prensa de quien fue secretario de Organización de los socialistas.

El PP, dispuesto a convertir el caso Koldo en una Gürtel socialista, comparece constantemente estos días en rueda de prensa sirviéndose de las informaciones que aparecen en las cabeceras de Madrid. Algunas de estas informaciones pretenden también enredar a la pareja de Pedro Sánchez, Begoña Gómez, con algunos de los personajes de la trama corrupta. Hasta ahora, la estrategia de defensa del PSOE ha pasado por el 'y tú más' y por rebotar hacia Alberto Núñez Feijóo un fragmento de la investigación por parte de la Guardia Civil en qué se menciona el portavoz de los populares en el Congreso, Miguel Tellado.

El PSOE también ha lanzado al PP un boomerang transparente: ha anunciado la creación (si sus socios la apoyan) de una comisión de investigación en el Congreso de los Diputados sobre el enriquecimiento ilícito durante la pandemia a través del material sanitario. La intención es empezar por el caso Koldo, pero después utilizar el mecanismo para hacer sangre al PP, por el caso del hermano de Isabel Díaz Ayuso, acusado de lucrarse a través de la compraventa de mascarillas durante el peor momento de la pandemia de la covid-19.

La amnistía, primera losa a sacarse de encima

El problema de Sánchez, sin embargo, no acaba en el caso Koldo. Hace dos semanas, cuando no había estallado esta trama, el presidente del Gobierno ya arrastraba dos losas importantes: la eternización de las negociaciones con Junts per Catalunya en torno a la amnistía, y tener que negociar —todavía— los presupuestos generales del Estado con el resto de grupos parlamentarios del Congreso.

Sí que es cierto, no obstante, que el PSOE podría desprenderse de una de estas losas en cuestión de horas: la amnistía. La voluntad de los socialistas es cerrar un acuerdo definitivo con Junts per Catalunya este lunes o martes, porque el miércoles expira la prórroga que tienen ambas formaciones para convocar a una nueva Comisión de Justicia y elaborar un nuevo dictamen. No hay, además, intención ni por parte de los juntaires ni de los socialistas de volver a prorrogar este plazo, si bien durante esta pasada semana se ha discutido mucho en los pasillos del Congreso sobre la elasticidad del reglamento; en caso de que al final sí que fuera necesario.

 

Los presupuestos, dependientes de la amnistía

En la Moncloa tienen asumido, además, que la aprobación de la ley de amnistía es prácticamente cuestión de vida o muerte política de Pedro Sánchez. Porque hay una correlación entre esta norma y los presupuestos: el entorno del presidente español tiene cuello abajo que no poder aprobar la amnistía implicará que Junts también obstruya la aprobación de las cuentas generales del Estado.

Míriam Nogueras elevó la presión sobre el PSOE hace diez días cuando, en la sesión de control al Gobierno en el Congreso de los Diputados, recordó la desconfianza existente en Junts sobre el cumplimiento de las inversiones presupuestadas para Catalunya. María Jesús Montero, vicepresidenta primera del ejecutivo de Sánchez y también ministra de Hacienda, admitió que "hay que seguir mejorando" los porcentajes de ejecución. Hay también el convencimiento en la Moncloa que negociar los presupuestos no será tan complicado como llegar a un acuerdo definitivo con la ley de amnistía. Fuentes próximas a Montero aseguran que ninguno de los grupos parlamentarios del Congreso les ha advertido de una negociación complicada, y que detectan voluntad de llegar a un pacto en todos los socios de investidura con quienes mantienen conversaciones.