Justo cuando llegaba mi tren a Atocha, en el taxi, vi a través del teléfono el fatal accidente. Y es que las decisiones que creemos que son tan importantes a menudo no lo son tanto como aquellas que no lo parecen. Con un minuto de silencio, y la imagen de aquella niña de seis años saliendo del vagón que no me puedo quitar de la cabeza, comencé la presentación en el ICEX de la Barcelona Wine Week, la primera feria del calendario y una de las tres más importantes de Europa, junto con Wine Paris y ProWein, en Düsseldorf. También se presentó el estudio del Observatori del Vi, con un titular claro: nueve de cada diez consumidores de vino en España lo consumen en bares o restaurantes, y el 76% considera que los vinos del Estado son buenos o muy buenos.
Es cierto que ya queda muy démodé ese momento en el que, para fardar, se pedía un vino francés o italiano. Hace tiempo que nuestros vinos triunfan internacionalmente, gracias también —dicho sea de paso— al prestigio de nuestra cocina. Lo que ocurre es que todavía no nos lo acabamos de creer lo suficiente como para subir los precios al nivel de nuestros competidores directos. Si hace años el crítico estadounidense Robert Parker (The Wine Advocate) dijo que al vino español le sobraba madera, hoy puedo aseguraros que eso ya no es así. Palabra de sumiller. ¿Te suena la expresión light reds? Sí, esos vinos tintos ligeros que triunfan porque se pueden servir un poco más fríos, no tienen tanta crianza ni tanto cuerpo y son mucho más versátiles para acompañar comidas ligeras y desenfadados finger food. En un momento en el que no cocinamos fricandó, salvo en ocasiones especiales, vale la pena apostar por vinos tintos con buena acidez, que maridan con casi todo… excepto con las malas noticias ferroviarias de estos días.
El estudio presentado en Madrid también detecta un interés creciente por los vinos sin alcohol entre la población de 18 a 29 años. (Mucho más responsables que sus abuelos al volante). Un 15,3% de los jóvenes ya los incluye en la cesta de la compra, y un 30,5% los ha consumido o probado durante el último año. Precisamente con la voluntad de acercar el sector a los consumidores más jóvenes se ha creado el programa Barcelona Wine Week Likes the City. Del 2 al 4 de febrero, en la Fira de Barcelona, habrá más de 1.300 bodegas de más de 90 denominaciones de origen y más de 25.000 profesionales del vino, un 20% de los cuales internacionales. Pero para que la cultura vinícola llegue realmente a los winelovers, el vino sale a la calle y abraza la ciudad con un montón de actividades. Así que los amantes del vino catalán, los de aquí y los que nos visitan de todas partes, podrán disfrutarlo por toda la ciudad, y no solo sommeliers y expertos en los pabellones 1 y 8 de la Fira de Barcelona. Somos el país con más hectáreas de viñedo (casi un millón): que se note. Y también digamos las cosas claras: supone un 1,9% del PIB, generando más de 20.330 millones de euros en valor bruto.
Queremos que la gente entienda que el vino, siempre bebido con moderación, es cultura
Tomad nota de esta propuesta: una tapa maridada con un vino por 10 euros en un hotel de cinco estrellas. Esto ya está sucediendo, del 21 de enero al 4 de febrero, en el Majestic, en el Monument, entre otros. Catas exclusivas en el Reial Cercle Artístic de Barcelona; los cócteles oficiales de la BWW —con vermut y cava— para degustar en el Pipa Club, en la plaza Reial y muchas experiencias más que encontraréis en la web. ¿Se imagina probar un vino en el café Pablo y después visitar el Museo Picasso? Pues todo esto, y mucho más, para que la gente entienda que el vino, siempre bebido con moderación, es cultura. Dentro del showroom Dones del Vi 2026, se presentan más de cuarenta bodegueras de más de veinte denominaciones de origen diferentes. Queremos que las mujeres del vino tengan el protagonismo para explicar en primera persona sus vinos. Puede asistir cualquier persona (sea cual sea su sexo) con curiosidad e inteligencia emocional, y por 20 euros se pueden catar cerca de 200 vinos (con entrada previa online en www.mujeresdelvino.com). Pues uno de los puntos más diferenciales de esta feria es su apuesta clara por hacer brillar a las mujeres del vino. La inauguración, el 2 de febrero, incluye la segunda edición de la Cata de vinos de autora by Codorniu. Ya hemos oído demasiadas veces eso de “vino de autor”, y por fin se ha entendido que la autoría también es femenina. Participan Pilar Salillas, Marta Pedra, Anne Cannan, Adriana Ochoa, Mayte Calvo, Jessica Martín, Laura Tragant y Ana Carazo. Otro de los platos fuertes son los Premios Isabel Mijares, en honor a nuestra gran rompedora de techos, que este año incorporan dos nuevas categorías: enoturismo e enoinvestigación. Hay que decir que en la foto de la presentación de la feria más vínica casi había paridad, lo que no siempre sucede en otras ferias o congresos del sector. Tanto la directora de la Barcelona Wine Week y Hostelco, Céline Pérez, como la project manager, Marta Macias, son grandes profesionales que contribuyen a hacer crecer el potente prestigio del salón. E incluso el miércoles 4 de febrero, la feria se cierra con una cata protagonizada, entre otras grandes enólogas, por Mireia Torres, para ver cómo evolucionan sus vinos con el Coravin: ese aparato tan pro que permite catar el vino sin descorchar la botella. Es evidente que el vino por copas está en auge, sobre todo los vinos blancos con crianza sobre lías o con paso por madera. Beber menos, pero mejor.
Con el lema de 2026, “El factor humano, un legado a preservar”, se rendirá homenaje a generaciones de viticultores y enólogos que han dedicado su vida a cuidar la tierra, como Artadi, Vega Sicilia, Gramona, Torres o José Pariente. Entre las familias del vino, también está la mía: el Celler de Gelida acaba de cumplir 130 años brindando con los profesionales del sector que le han ayudado a escribir su historia de amor con la cultura del vino. Porque, al fin y al cabo, aparte de profesionales del vino, somos personas. Y regresando en tren, a pesar de los retrasos de la línea Madrid-Barcelona, el silencio se imponía. Ninguna queja por el timing. Después de todo, podríamos haber sido nosotros. Gran frase la de Mercè Rodoreda, que recuerdo especialmente estos días: "las cosas importantes son las que no lo parecen". Firmo donde sea que nuestro principal problema es que vayamos de cabeza.
