El lema "Catalunya no tiene rey", como todo lema en negativo, bien poco puede decir. La pregunta legítima, ante la negación, es: ¿si no tiene rey, qué tiene? La respuesta, a mi parecer, es simple: Catalunya tiene presidente.

Lo que sucede es que a los mismos catalanes se les ha hecho creer que tienen un vicepresidente en funciones de presidente, que ahora sería un vicepresidente en funciones de presidente en funciones. Por eso, siguiendo el margen de cualquier ley, se habla de que el presidente en funciones Aragonès es, tout court, vicepresidente en funciones. Todo un disparate fruto de un marcaje absurdo regido más allá de nuestras fronteras. John Adams, una vez más, debe ser recordado como impulsor del imperio de la ley, incluso en tiempo de revuelta.

Así que Catalunya no tiene rey -cosa con la que se puede estar totalmente de acuerdo- es una cosa. Sí que, sin embargo, tiene presidente. Solo no lo tuvo durante la vigencia ilegítima del ilegítimo 155. Por lo tanto, si tiene presidente, todavía en tránsito de una legislatura a otra, en funciones, tendría que haber ido a Martorell.

No a rendir homenaje al rey, del quien se cuestiona la legitimidad, no a rendir homenaje a un rey que ya en el 2016 -¡en el 2016!- dijo a la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, que no hacía falta que fuera a La Zarzuela, que le comunicara por correo electrónico la designación parlamentaria del presidente Puigdemont. Quien cuestionó avant la lettre la legitimidad del presidente de la Generalitat fue el mismo monarca.

Dicho esto, la inasistencia del presidente en funciones de la Generalitat el viernes pasado en Martorell es un grave error. La presencia de Felipe VI no es causa suficiente por no haber asistido. En Martorell, según las crónicas, estaba la plana mayor de SEAT y de Volkswagen. Con esta plana mayor, el presidente de la Generalitat, en funciones, o en plenitud, tiene que prodigarse. Prodigarse no quiere decir ni sumisión ni pedir. Ni confundir a inversores serios y asentados con oportunistas que quieren hacer de una comarca una especie de Las Vegas caseras, al margen de toda normativa reguladora y son recibidos con banda y música en el parking de la Generalitat.

Los directivos de SEAT y Volkswagen difícilmente pueden entender que se les vuelva la espalda en público, por más que en privado se les dé jabón, siendo como son unos de los grandes generadores de puestos de trabajo en Catalunya, y cuando otras multinacionales han decidido marcharse, después de disfrutar de subvenciones que no volverán. Estos directivos han demostrado, además, que, a pesar de las presiones post-1-O de La Moncloa y especialmente de La Zarzuela, quisieron quedarse aquí. No como otras firmas nuestras. Y seguramente se quedaron aquí, porque alguien, mejor dicho, alguna, dijo que de aquí nos se movían. La apuesta no les ha salido mal.

Por lo tanto, la Generalitat, representada por su primer mandatario debería haber ido a Martorell aunque fuera el rey o el presidente de la República. Quien representa siempre a Catalunya es su presidente, se encuentre en el estado administrativo en que se encuentre. Y el presidente no estuvo.

El distanciamiento sentimental con la corona, que sale a varios escándalos por semana y da el silencio por respuesta, es lógico y legítimo. Pero los intereses de Catalunya y de los catalanes o nos los cuidamos nosotros o no los cuidará a nadie. Y había que haber estado el viernes en Martorell.

Si La Moncloa o La Zarzuela imponen determinados reglas de protocolo, si se tiene que decir que no o improvisar sobre la marcha, se hace y punto. Lo que no se puede hacer, por radicalmente antijurídico, es enviar a los Mossos a retirar pancartas antimonárquicas y a identificar a ciudadanos que ejercen sus derechos legítimos, aquí los de expresión y manifestación. Ni la Delegación del Gobierno, ni la seguridad de la Casa Real ni la Conselleria de Interior pueden ordenar ni cumplir lo que los Mossos hicieron. Reitero lo que dije el julio pasado.

Todo eso muestra cierta esquizofrenia institucional, políticamente impropia y jurídicamente ilícita. Esquizofrenia que se traslada a los ciudadanos, ya que es difícil de aunar la impropia no asistencia con un celo cortesano sin ninguna base legal.

Si, por otra parte, la inasistencia al acto de Martorell fuera debida a presiones derivadas de las negociaciones por el nuevo gobierno, mal empieza. Cesiones partidistas abiertamente contraproducentes para los intereses catalanes lastran cualquier proyecto de gobierno que tenga como máxima prioridad el bienestar de la ciudadanía y la recuperación económica e institucional.

Porque la política, la seria, va de eso: de trabajar por la ciudadanía. Practicar política de lemas no ha hecho nunca crecer las naciones. Las ha llevado a la irrelevancia. Y eso ningún patriota lo quiere. El mejor antídoto contra el infantilismo de los lemas es la realpolitk, que es lo que hacen las naciones adultas.