El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha anunciado este sábado la creación de una nueva “coalición militar” en Latinoamérica con el objetivo de combatir los cárteles del narcotráfico. Lo ha hecho durante una cumbre celebrada en Miami con varios líderes de derecha del continente, a quienes ha pedido apoyo para impulsar esta iniciativa. La cumbre, bautizada como el Escudo de las Américas, tiene lugar en el Trump National Doral Miami, un complejo turístico con campo de golf propiedad del magnate republicano, y busca reforzar el papel de Washington en la región y frenar la creciente influencia de China. La máxima responsable de la misión será Kristi Noem, que fue destituida por su gestión polémica de las redadas mortales del ICE en Minnesota. Durante el discurso, el líder de la Casa Blanca ha defendido que la lucha contra el narcotráfico requiere una respuesta militar coordinada entre los países implicados. “La única manera de derrotar a estos enemigos es desplegando el poder de nuestros ejércitos”, ha afirmado. Trump ha comparado la iniciativa con la coalición internacional liderada por Estados Unidos que combatió al Estado Islámico en el Oriente Medio. “Ahora tenemos que hacer lo mismo para erradicar los cárteles en nuestra casa”, ha dicho.

A la cumbre han asistido diversos dirigentes latinoamericanos y del Caribe. Entre los primeros en llegar se encontraba el presidente de Panamá, José Raúl Mulino; el presidente electo de Chile, José Antonio Kast —que asumirá el cargo el próximo miércoles—, y la primera ministra de Trinidad y Tobago, Kamla Persad-Bissessar. Posteriormente, se han sumado otros mandatarios, como el de Bolivia, Rodrigo Paz; el de Ecuador, Daniel Noboa; el de Costa Rica, Rodrigo Chaves; el de Argentina, Javier Milei; el de la República Dominicana, Luis Abinader; el de Guyana, Irfaan Ali; el de Paraguay, Santiago Peña, y el de El Salvador, Nayib Bukele. Ante todos ellos, Trump ha instado a los gobiernos de la región a emprender operaciones militares contra los cárteles y las redes criminales transnacionales, que ha calificado de “amenaza inaceptable” para la seguridad del hemisferio. En un momento del discurso, el presidente estadounidense también ha ironizado sobre el idioma, asegurando entre risas que no piensa aprender español: “No aprenderé vuestro maldito idioma. No tengo tiempo”.

El encuentro, sin embargo, ha excluido a algunos de los principales gobiernos progresistas de la región. No han sido invitados los líderes de Brasil y México —las dos economías más grandes de América Latina— ni tampoco el presidente de Colombia, un país que durante años ha sido un aliado clave de Washington en la lucha contra el narcotráfico. En este contexto, el Escudo de las Américas se presenta como una reunión alternativa de gobiernos afines a Estados Unidos. La iniciativa aparece como una especie de foro paralelo a la tradicional Cumbre de las Américas, creada en 1994 para reunir periódicamente a los jefes de estado del continente y que el año pasado quedó cancelada a causa de las discrepancias entre sus miembros.

Contrarrestar la influencia china en el continente

La cumbre también se enmarca en la estrategia de Washington para frenar la expansión de la influencia china en América Latina. Desde que volvió a la Casa Blanca, Trump ha intensificado la presión contra proyectos de infraestructuras, cooperación militar e inversiones impulsadas por Pekín en la región, con el objetivo de reforzar el peso de Estados Unidos en el hemisferio. Entre los episodios más recientes se encuentra la presión ejercida sobre Panamá para que abandonara la Iniciativa del Cinturón y la Ruta de la Seda y revisara los contratos portuarios con una empresa de Hong Kong, en medio de amenazas estadounidenses de recuperar el control del canal. Además, la operación que terminó con la captura de Nicolás Maduro y la promesa de Trump de “dirigir” Venezuela también podría afectar el equilibrio energético regional, ya que el país caribeño era uno de los proveedores de petróleo de China.

A pesar de que la cumbre buscaba situar el hemisferio occidental en el centro de la agenda de Washington, la atención del presidente estadounidense ha vuelto rápidamente hacia el conflicto en Oriente Medio. Después del acto en Miami, Trump se ha desplazado a la base de la Fuerza Aérea de Dover, en el estado de Delaware, para asistir al traslado solemne de los cuerpos de seis soldados estadounidenses muertos en un ataque con drones contra un centro de mando en Kuwait. El ataque se produjo un día después de que Estados Unidos e Israel iniciaran su ofensiva militar contra Irán.