En el armario o en la percha, tenemos abrigos y chaquetas de diferentes grosores y colores. ¿Cómo decidimos cuál nos ponemos cada día? ¿Pensamos en qué color liga más con lo que llevamos puesto, o damos prioridad a la necesidad de no pasar frío? Es muy probable que no nos hayamos planteado nunca que algunos animales también deciden qué piel quieren llevar. Evidentemente que no lo pueden hacer diariamente, pero sí que lo hacen coincidiendo con el cambio de estaciones. En nuestras regiones mediterráneas no encontramos ejemplos, pero, en países nórdicos y territorios alpinos, hay animales que cambian el color del pelaje según la estación del año. Liebres o zorros pueden ser de color marrón una buena parte del año para mudar y volverse totalmente blancos en los meses de invierno en los que abunda la nieve. ¿Cómo se produce este cambio de chaqueta estacional año tras año y por qué? Los mamíferos producimos pigmentos derivados del aminoácido tirosina, que denominamos melanina. Podemos fabricar eumelanina (color marrón oscuro) o feomelanina (color amarillento o rojizo) y según la proporción de cada y la cantidad que se acumula en la queratina del pelo (o del cabello) generan la gran variedad de colores que conocemos. ¿Para qué sirve esta coloración? Una respuesta obvia es que sirve para camuflarse mejor, pero el color del pelo y la piel también sirve como protección de la radiación solar y como termorregulador, y no se puede obviar que, en algunos casos, el color del pelo y de varias zonas del cuerpo es necesario para la comunicación dentro de la misma especie, por ejemplo, como reclamo en la selección de pareja.

¿Para qué se ha hecho este estudio? Para demostrar que hay cambio climático y que la distribución de animales que mudan el pelo ha ido desplazándose en los últimos años

Pues bien, conocemos hasta 20 especies diferentes de mamíferos que no tienen un color de piel único, sino que han aprendido a adaptarse a su medio ambiente y mudan el color de la piel según la estación del año, con el fin de camuflarse mejor. Un artículo publicado hace muy poco en la revista Science, analiza la distribución en 60 países diferentes de hasta 8 especies diferentes que cambian el color estacionalmente. Entre las especies estudiadas encontramos liebres, zorros y comadrejas. En estas especies, sean presa o depredador, está demostrado que la muda de color sirve para camuflarse mejor: blanco cuando hay nieve, colores terrosos en las estaciones sin nieve. ¿Cómo lo hacen para mudar? Evidentemente, el pelo tarda en crecer y los animales tienen que empezar a cambiar de color gradualmente antes de que lleguen las primeras nevadas. Se sabe que la capacidad para cambiar pelaje y color está regulado por uno o muy pocos genes, que se estimularían al responder al acortamiento del día (de las horas de luz solar) a partir del equinoccio. Pero la capacidad de mudar no se da en todos los animales, de hecho, hay subespecies de zorros, liebres y comadrejas que siempre tienen el mismo color de pelo, porque siempre viven en medio de la nieve, o al revés, todo el año sin nieve. De acuerdo, pues, y ahora os podéis preguntar ¿para qué se ha hecho este estudio? Pues para demostrar que hay cambio climático (aunque les pese a algunos negacionistas de la evidencia), y que la distribución de animales que cambian el pelo ha ido desplazándose en los últimos años, cada vez se encuentran desplazados más hacia el Norte o en terrenos de mayor altitud. Tienen que migrar para sobrevivir mejor. Por otra parte, como que el cambio climático producido por la acción de los humanos se ha acelerado relativamente en pocos tiempos, en las zonas fronterizas donde antes hacía más frío y ahora ya no tanto, se encuentran animales de los dos tipos, de los que cambian el color del pelo y cambian de chaqueta, y de los que no lo pueden hacer y siempre tienen el pelo blanco o el pelo pardo. Es una zona de mezcla donde se encuentran los animales inmigrantes con los endémicos. Es en estas zonas donde se está produciendo un efecto de selección natural más intenso, porque muchos de los animales no se pueden camuflar bien, sea en una época o en otra, pero muy importante, estas zonas se han convertido en reservorios de diversidad genética, ya que conviven diferentes especies y subespecies (en este caso de zorros, liebres y comadrejas, pero es extensivo a otros animales), y permiten lo que se denomina rescate evolutivo. Lo que pasa es que estas zonas fronterizas no son consideradas, hoy por hoy, reservas naturales, y no están protegidas de la acción humana, por lo cual, habría que preservarlas si no queremos que parte de la diversidad biológica desaparezca sin posibilidad de rescate.

La acción de los seres humanos cambia nuestro entorno y provoca, sin saberlo, cambios en la selección natural y la supervivencia de muchas especies

Hay otros casos de libro en que la acción humana está acelerando los procesos de selección natural de la coloración de los organismos. Es muy conocido el caso del melanismo industrial que se produjo en las zonas de Inglaterra y Gales donde surgió la Revolución Industrial durante el siglo XIX. La mariposa de los abedules (Biston betularia) es una polilla que vive en los bosques de abedules. Su color natural es blanco cenizo, ya que este color le permite camuflarse sobre la corteza grisácea de los abedules, y los pájaros depredadores no pueden verlas con facilidad. A causa de los humos llenos de carbonilla de las industrias de carbón en el Reino Unido, los bosques de abedul fueron oscureciéndose progresivamente, hasta ser de color carbón. En 1848 por los alrededores de Manchester se describió por primera vez una variante de esta mariposa de los abedules, negra como el carbón (de hecho, la llamaron carbonaria). El mimetismo de la polilla mutante negra en aquellos bosques contaminados de carbonilla le permitía sobrevivir mejor, y rápidamente sustituyó a la polilla de color cenizo en todas las zonas industriales del Reino Unido. Se hicieron varios experimentos para demostrar que el color negro era por una mutación genética. Cogieron larvas de esta mariposa de color cenizo, les dieron hojas y ramitas llenas de carbón y vieron que no se volvía negra, por lo tanto, el cambio de color no era debido a la comida. En cambio, si cruzaban mariposas negras con blancas, se heredaba la coloración en la descendencia siguiendo las leyes de Mendel (color negro dominante sobre color ceniza). Hicieron experimentos del efecto del mimetismo en el color y la supervivencia, y los pájaros depredaban más las mariposas negras que las cenizas en el hábitat natural y viceversa, en los bosques ennegrecidos por el carbón. Es decir, la acción humana había provocado un cambio en la coloración de las poblaciones de estas polillas. A partir de los años setenta del siglo XX, se impusieron en el Reino Unido leyes más restrictivas con respecto a los humos emitidos por la industria, y la calidad del aire ha mejorado tanto que los abedules ya presentan la corteza de color gris. La extinción de la carbonaria es ahora tan rápida como fue la colonización. Pronto, no habrá más mariposas del abedul negras si no es en los laboratorios.

Hace sólo dos años que se encontró la mutación que dio lugar a este color negro de la carbonaria, la inserción totalmente azarosa de un transposón (de un elemento genético móvil, es decir, de una secuencia de ADN que puede cambiar de posición dentro del genoma) en un gen denominado cortex que controla el ciclo celular, hizo que se acumulara más pigmento oscuro en las alas y el cuerpo de estas polillas. Si las cortezas de los abedules no hubieran sido ennegrecidas por el carbón generado por las industrias humanas, este mutante azaroso no habría sobrevivido, porque los pájaros se lo habría comido en un abrir y cerrar de ojos. Ahora que los humanos han hecho que el aire vuelva a ser más limpio, esta subespecie será depredada y eliminada. La acción de los seres humanos cambia nuestro entorno y provoca, sin saberlo, cambios en la selección natural y la supervivencia de muchas especies.

Gemma Marfany
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