¡Quién lo iba a decir!

L’Alguer, en la isla de Cerdeña, en la República italiana, ha entrado en la Champions de Europa. Aquella Europa que nos mira y nos desea (según algunos quieren y dicen) sentados y hablando.

Puede pillar un poco lejos —aunque Cerdeña está más cerca del Liceo de Atenas que la plaza Sant Jaume de Barcelona— pero para Aristóteles y sus discípulos era mejor el método peripatético porque invita a razonar mientras se camina y se puede ir sumando cada vez más gente. Y alguna cosa debe quedar de bueno; no es que haya que dar vueltas a los argumentos como si fueran los cangilones de una noria, sino que, de hecho, los Aristotélicos forman parte de los grandes impulsores de los métodos científicos, la Champions de la Antigüedad que no daba patadas a ninguna pelota sino que adelantaba el razonamiento. Parecería, pues, que pararse y charlar, en cambio, puede ser un gran instrumento para la metafísica y el estudio de temas básicos para la filosofía como el absoluto, Dios, el mundo y el alma... pero tiene algunas deficiencias para movilizar a la gente y para ir dando pasos efectivos y adelante. Y conseguir hacer ciencia, también ciencia política.

Puedo estar equivocada, pero creo que en general se piensa mejor en movimiento, aunque tampoco es bueno ni da credibilidad negociadora que un presidente de Gobierno se levante de la mesa de diálogo y deambule por la plaza Sant Jaume para ir a hacer un café con su compiyogui Illa… para volver a sentarse y hablar. ¿Hablar, de qué? Más bien hacer pedagogía desdeñosa y burlona de la mesa donde no sé si se dialoga, pero seguro que no se negocia ni amnistía ni referéndum.

Ha quedado patente que en Europa gusta mucho más el juego limpio que la patada a traición, en la espinilla del contrario. En la Champions europea hay un único reglamento para todos. No valen los reglamentos de autor

No ayuda a nadie, ni siquiera a Pedro Sánchez, que se ponga derecho ante los medios para hacerse el dueño de los tiempos de diálogo con fotografía incluida y ademán de “mecachis, que guapo soy”, después de poner (o tolerar, en versión benigna), vetos a temas y personas. A unos porque no caben —según los nada venerables exégetas— en la sacra Constitución, y a los otros porque su docilidad y entrega a las quietas prácticas de la metafísica ha sido puestas en duda. En la Europa o la "comunidad internacional" que nos mira, si dejamos la interpretación de normas en manos de los metafísicos, seguiremos sentados, congelados en el tiempo, con las neuronas a cada día que pasa más empobrecidas, y sin dar espacio para que crezca la presión imprescindible de los peripatéticos más dignos y conscientes de que tienen que acabar, más temprano que tarde, por llenar las calles y urnas de propuesta y exigenciaPorque no hay otra manera de actuar y ser racionales y libres. Y no hacen falta demasiadas explicaciones para entenderlo.

En la Champions europea en la que ahora, por sorpresa (o no) ha entrado L’Alguer, pueden empezar a cambiar las cosas de manera muy clara para el reino del imperio. Porque ha quedado patente —como en Schleswig-Holstein, Bruselas y Edimburgo— que en Europa gusta mucho más el juego limpio que la patada a traición en la espinilla del rival. Porque no son bien vistos y se penalizan los goles en propia puerta cuando lo que se quería, con el juego parado, era ganar el partido. Y porque en la Champions hay un único reglamento para todos. No valen los reglamentos de autor... y, si eso es así y tengo razón, los Llarenas de facies graníticas seguirán perdiendo, como asegura Gonzalo Boye, y lo tienen bastante mal.

Y para acabar para jugar esta Champions tampoco vale que los entrenadores se coman la moral de las jugadoras diciendo que son poquitas, que no son suficientes, y que se tiene que ensanchar el equipo. No porque no tengan, quizás, razón. Sino porque al convertir el desiderátum en consigna-sonsonete, se mina la moral de quien está y se mueve: "no sabéis suficiente —vienen a decir— para hacer nada bueno", sin entender ni poner de manifiesto, que son las semillas imprescindibles para que de nuevo volvamos a ser millones.

#NoSurrender