En pleno proceso de transformación del mercado automovilístico, la conversación suele girar en torno a dos grandes opciones: motores de combustión tradicionales o vehículos eléctricos. Sin embargo, entre ambos extremos existe una alternativa que combina bajo coste de uso y ventajas medioambientales sin depender de enchufes. Se trata de los coches que funcionan con GLP, gas licuado del petróleo, capaces de repostar por un precio que ronda los 0,90 euros el litro y que además cuentan con etiqueta ECO.
Aunque su presencia en España no es tan común como la de híbridos o eléctricos, el GLP lleva años consolidado en otros mercados europeos. Su propuesta resulta especialmente atractiva para quienes recorren muchos kilómetros y buscan un equilibrio entre inversión inicial, autonomía y coste por kilómetro.
Un combustible económico con impacto directo en el bolsillo
El principal argumento del GLP es el precio. Con un coste que suele situarse cerca de los 0,90 euros por litro, repostar este combustible supone un ahorro significativo frente a la gasolina o el diésel en escenarios de precios elevados. Aunque el consumo en litros puede ser ligeramente superior debido al menor poder energético del gas, el coste final por kilómetro continúa siendo inferior en la mayoría de situaciones.
Lo destacable en este caso es que el ahorro no depende de tarifas eléctricas variables ni de horarios específicos, como sucede con los coches eléctricos. El conductor puede repostar en pocos minutos y continuar la marcha con total normalidad. Además, los modelos bifuel permiten alternar entre GLP y gasolina, ampliando notablemente la autonomía total del vehículo.
Este sistema elimina la necesidad de instalar un punto de carga doméstico o planificar desplazamientos en función de la red de recarga. En trayectos largos, la combinación de ambos depósitos permite superar con facilidad las autonomías habituales de muchos eléctricos compactos, manteniendo un coste operativo contenido.
Una alternativa eficiente, aunque minoritaria
En España, el coche de GLP sigue siendo una opción minoritaria, en parte eclipsada por el protagonismo de la electrificación. Sin embargo, desde el punto de vista económico, ofrece una relación muy competitiva entre inversión y gasto por kilómetro. La diferencia de precio frente a un modelo de gasolina equivalente suele ser moderada cuando se adquiere de fábrica, y la adaptación posterior también resulta más asequible que el salto a la movilidad eléctrica.
Cabe destacar que estos vehículos obtienen la etiqueta ECO, lo que les permite beneficiarse de ventajas en determinadas ciudades, como menores restricciones en episodios de contaminación o bonificaciones en aparcamiento regulado. Esta clasificación los sitúa en una posición intermedia interesante dentro del marco normativo actual.
En términos de mantenimiento, el motor mantiene la base de un propulsor de gasolina convencional, lo que facilita las revisiones y evita la complejidad asociada a baterías de gran tamaño. La tecnología es conocida por los talleres y no requiere infraestructuras específicas más allá del depósito adicional y el sistema de inyección adaptado al gas.
El coche de GLP no pretende sustituir al eléctrico en entornos urbanos ni competir con los híbridos enchufables en tecnología, pero sí ofrece una solución pragmática para quienes priorizan el coste por kilómetro y la autonomía. Con un combustible que ronda los 0,90 euros el litro y la ventaja de la etiqueta ECO, representa una alternativa eficiente y económicamente racional en un mercado cada vez más diverso.
