Con la localización de un tercer jabalí fuera de la zona inicial perimetrada por la Generalitat, en la que se habían localizado en las primeras semanas todos los animales infectados con la peste porcina africana, se puede dar por seguro que la enfermedad ha salido del radio inicial de seguridad que abarcaba unos seis kilómetros. Sin embargo, en pocos días, se han encontrado tres jabalíes infectados, dos en la zona de Martorell, en una urbanización, y el último jabalí muerto de Sant Feliu de Llobregat, en las proximidades de Molins de Rei, con lo que aquel radio inicial de zona de seguridad de seis kilómetros configurado por la Generalitat y la Conselleria de Agricultura ha pasado a ser de 13 kilómetros.
Aunque las autoridades hacen bien en curarse en salud, es evidente que la noticia de los tres casos fuera del perímetro inicial es negativa. No tanto por el número de casos, que son solo tres frente a los 162 positivos que se han confirmado desde el primer caso, el 28 de noviembre. Sino porque ha conseguido saltar la zona de alto riesgo. Algo que en su inicio, el pasado noviembre, se consideraba más que probable y que con el paso de las semanas se había ido extendiendo: la idea de que las medidas adoptadas contendrían todos los animales infectados en la zona cero. No va a ser así y ahora el riesgo es que empiecen a surgir jabalíes enfermos en la segunda corona de 13 kilómetros y no sea más que el aviso de que en las próximas semanas salga de este perímetro a una tercera zona de riesgo.
Los que no somos de ciudad hemos oído, al menos desde hace diez, quince o veinte años, a muchos payeses explicar que un día Barcelona se arrepentiría de no haber cortado a tiempo esa reproducción imparable de jabalíes
El Govern ha pedido la ayuda del Ministerio para reforzar el operativo con una estación adicional de desinfección mientras llega una estación permanente y de drones con visión nocturna y cámara técnica para detectar animales y cadáveres y planificar batidas. También que se refuerce la retirada de cadáveres a través de la Unidad Militar de Emergencias (UME), con formación de bioseguridad. También se ha pedido ayuda al Ministerio para adquirir e instalar nuevas trampas colectivas tipo Pig Brig para reforzar las batidas de jabalíes. La petición de la Generalitat se ha hecho extensiva a otras comunidades autónomas que la nota del Govern no ha señalado.
Más allá de que cualquier ayuda es buena, y más si Catalunya no puede ser autónoma a la hora de poder actuar en una situación como la de la peste africana, no deja de ser extraño que algo que inevitablemente tenía que pasar, dada la política oficial de permitir la expansión del jabalí, no disponga de los medios necesarios. Los que no somos de ciudad hemos oído, al menos desde hace diez, quince o veinte años, a muchos payeses explicar que un día Barcelona —para ellos, la capital de Catalunya es el poder— se arrepentiría de no haber cortado a tiempo esa reproducción imparable de jabalíes. Ahora se anuncia que en Catalunya se han matado 13.000 animales desde enero, algo que, siendo muchos en número, son muy pocos en porcentaje.