Oriente Medio respira tenso a la espera de ver si las negociaciones entre Estados Unidos Irán fructifican o la región continúa abocada a una guerra sin salida. El escenario del diálogo, Islamabad, se ha blindado para evitar cualquier incidente, mientras que el vicepresidente estadounidense, JD Vance, ha iniciado su viaje hacia la capital de Pakistán. A estas alturas, la presencia de la República Islámica en la mesa todavía es una incógnita, pero el número dos de Donald Trump se ha mostrado optimista y cree que el diálogo “será positivo”. “Tenemos muchas ganas de que empiece la negociación”, ha afirmado. La situación, sin embargo, es de extrema delicadeza, con un alto el fuego muy frágil que amenaza con romperse en cualquier momento

Antes de subir al avión, Vance ha declarado que “si los iraníes están dispuestos a negociar de buena fe”, la Casa Blanca estará “dispuesta a tenderles la mano”. Ahora bien, el republicano ha advertido que ante cualquier posible “engaño” de Teherán, “se darán cuenta de que el equipo negociador no es muy receptivo”. En este sentido, Vance ha asegurado que Trump les ha dado “unas directrices bastante claras”, una carpeta que seguro que incluye llegar a un acuerdo para reabrir el estrecho de Ormuz, la principal arma de Irán en la guerra, mucho más temida que los misiles y los drones, a causa del impacto sobre la economía mundial del cierre del paso por donde transitaba, hasta hace pocas semanas, el 20% del petróleo mundial.


Washington también intentará llegar a un pacto nuclear con Teherán. En los últimos días, Trump ha llegado a asegurar que podría levantar las sanciones económicas impuestas a Irán, siempre que se deshaga de sus reservas de uranio enriquecido. Precisamente la supresión de las sanciones que la República Islámica sufre desde hace décadas es una de las exigencias que incluyó en su plan de 10 puntos para poner fin a la guerra. De todas formas, un acuerdo sobre este aspecto es bastante difícil de imaginar, porque las sanciones se pueden quitar y poner, pero el uranio enriquecido, una vez Irán se deshaga de él, nunca se lo devolverían. Cabe decir que Trump rompió un acuerdo nuclear que Barack Obama ya había alcanzado con el régimen de los ayatolás. Además, al demócrata le costó años conseguirlo, y lo hizo en un contexto de paz. 

El Líbano, punto de discordia

A corto plazo, la situación en el Líbano es, sin duda, la cuestión más delicada de las negociaciones en Islamabad. El alto el fuego actual es frágil por las diferentes interpretaciones que las partes hacen sobre el papel del país levantino. Mientras Irán considera indispensable que sus “hermanos libaneses” se incluyan en la tregua, Israel ha mostrado su intención de continuar atacando a Hizbulá. Netanyahu no quiere frenar la campaña de bombardeos en Beirut y las ciudades del sur, a pesar de que los ataques hayan matado a cientos de personas solo esta semana. En este contexto, la postura de la Casa Blanca es delicada. De puertas para afuera, la portavoz del ejecutivo norteamericano, Karoline Leavitt, aseguró que el Líbano queda fuera del alto el fuego. Pero NBC News revelaba el jueves una llamada telefónica en la que Trump pidió a Netanyahu que redujera las operaciones en la zona.