Este miércoles, el presidente estadounidense Donald Trump anunció un alto el fuego temporal de dos semanas en la guerra que Estados Unidos e Israel comenzaron el pasado 28 de febrero contra Irán. Sin embargo, este acuerdo incluye una exclusión explícita que pone de manifiesto las diferencias estratégicas entre las partes: el alto el fuego no afecta a Hezbolá ni al Líbano. Trump lo confirmó públicamente al afirmar que se trata "de un conflicto aparte”, dejando claro que Washington considera el frente libanés desvinculado de la guerra con Irán. Por su parte, Israel aceptó el alto el fuego con Irán, pero puntualizó inmediatamente que las operaciones en el Líbano continuarían. Así, el territorio libanés queda fuera del cese de hostilidades, hecho que permite a Israel mantener su ofensiva aérea sin incumplir formalmente el acuerdo. Y horas después del anuncio de la tregua, Israel lanzó sin previo aviso uno de los ataques aéreos más mortíferos contra el Líbano, provocando al menos 182 muertos y 890 heridos, según el ministerio de Salud libanés, unas cifras que la Defensa Civil elevó a los 254 muertos y 1.100 heridos. Estos bombardeos se concentraron en el sur del Líbano, arrasaron los suburbios del sur de Beirut y la región oriental del valle de la Bekaa. Los hospitales libaneses están colapsados y hay decenas de desaparecidos bajo los escombros de edificios derrumbados por los ataques israelíes. Estos ataques han provocado el rechazo unánime de la comunidad internacional, que advierte que la negativa de Israel a dejar de atacar el Líbano puede socavar el frágil alto el fuego entre Estados Unidos e Irán. 

Israel ha aceptado la tregua con Irán a regañadientes, pero ha encontrado una vía para continuar la ofensiva a través de otro frente: Hezbolá. El gobierno de Netanyahu describió esta operación como la campaña más grande de ataques aéreos del conflicto, con más de 100 objetivos golpeados en solo 10 minutos. Según las autoridades israelíes, se trataba principalmente de centros de mando e instalaciones militares de Hezbolá. La milicia, por su parte, informó la pasada madrugada que había atacado con cohetes el norte de Israel en respuesta a la vulneración del alto el fuego, y amenazó con continuar los ataques hasta que acabe la "agresión israelí-estadounidense" contra el Líbano. Estos ataques muestran las divergencias que existen entre los intereses de Estados Unidos e Israel, y también entre sus dos líderes. Donald Trump dice en público que ya ha ganado la guerra contra Irán y que Estados Unidos ha conseguido todos sus objetivos —anular la amenaza nuclear y reabrir el estrecho de Ormuz, que ya estaba abierto antes del conflicto—, pero la realidad es muy diferente. El presidente envía a su hombre fuerte, JD Vance, a Islamabad para encontrar una salida airosa a la guerra contra Irán, presionado por el temor de que una guerra impopular prolongada se traduzca en un castigo electoral. Sus votantes están descontentos por la subida de la inflación y de los precios de la gasolina, y el presidente ya está acusando desgaste en el mismo partido republicano y el movimiento MAGA. 

En cambio, Benjamin Netanyahu afirma que “Israel tiene más objetivos que cumplir”, en una declaración en vídeo publicada después del anuncio del acuerdo temporal de alto el fuego. “Lo lograremos”, prometió el primer ministro israelí. “Ya sea a través de un acuerdo, o retomando la lucha”. Y Netanyahu advierte que “estamos listos para retomar los combates en cualquier momento. Tenemos el dedo en el gatillo”. A menos de seis meses de las elecciones, el primer ministro israelí, por su parte, enfrenta la presión constante de su coalición de derechas para actuar contra Hezbolá.  “Todavía no ha terminado nada”, declaró el ministro de Asuntos Exteriores, Gideon Sa’ar, del partido Likud, que defiende las ideas más radicales dentro del partido de Netanyahu. “No veo cómo es posible conciliar las posiciones de Estados Unidos e Irán”. Mientras el ministro de Seguridad Itamar Ben-Gvir (de extrema derecha) ha hecho llamamientos explícitos a la “destrucción”, pidiendo que se quemen “todos los bastiones de Hezbolá”. 

En este contexto, los ataques israelíes en el Líbano confirman que Netanyahu tiene prioridades estratégicas diferentes a las de Trump. Y Teherán considera que los ataques israelíes contra Hezbolá y los civiles libaneses constituyen una violación directa del acuerdo de tregua.  La República Islámica ha dejado claro que “si el alto el fuego se rompe, el régimen sionista asumirá la responsabilidad y castigaremos al agresor”, y según diversos medios, Irán ha interrumpido el miércoles la navegación de los buques petroleros por el estrecho de Ormuz, a pesar de que la Casa Blanca lo niega y Trump ha reiterado sus amenazas contra Irán si no cumple el acuerdo.