El acuerdo de alto el fuego de dos semanas entre los Estados Unidos e Irán ha abierto una ventana diplomática inesperada, pero el verdadero reto se encuentra en el contenido del plan de paz de diez puntos presentado por Teherán. Este documento, que la Casa Blanca considera una “base viable” para negociar, incluye exigencias que durante años han sido líneas rojas para Washington.
El presidente estadounidense, Donald Trump, anunció la tregua poco antes de que expirara el plazo que él mismo había fijado para intensificar los ataques contra Irán. A pesar de rebajar la tensión, el mandatario ha evitado pronunciarse claramente sobre si aceptará las condiciones iraníes, que definen el alcance real de un eventual acuerdo.
Según medios estatales iraníes, el final definitivo de la guerra solo será posible si se cierran los detalles de este plan, que ha sido trasladado a Washington a través de mediadores pakistaníes.
Un paquete de demandas ambicioso
El plan de diez puntos incluye exigencias de gran alcance. Entre las principales, destaca el levantamiento de todas las sanciones —tanto primarias como secundarias— contra Irán, así como la devolución de activos económicos congelados en el extranjero.
Teherán también reclama la retirada completa de las fuerzas militares estadounidenses de Oriente Medio y el fin de los ataques no solo contra su territorio, sino también contra sus aliados en la región. Además, propone que cualquier acuerdo quede blindado con una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU. Otro elemento clave es la mención, en la versión en persa del documento, a la “aceptación del enriquecimiento” de su programa nuclear, una expresión que no aparece en las versiones en inglés difundidas en la prensa internacional.
El estrecho de Ormuz, epicentro del desacuerdo
Uno de los puntos más controvertidos del plan es el futuro del estrecho de Ormuz. Irán plantea mantener el control y gestionar el paso de barcos bajo supervisión militar propia, garantizando la seguridad del tráfico durante la tregua.
El ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, ha asegurado que se permitirá el paso seguro de barcos, pero no está claro hasta qué punto esto implicaría una apertura real del corredor marítimo. Según diversas informaciones, el plan también contempla la posibilidad de cobrar tasas de hasta dos millones de dólares por barco, destinadas a financiar la reconstrucción. Esta propuesta genera una fuerte preocupación internacional. El control de Ormuz es estratégico para el comercio mundial de petróleo, y cualquier cambio en su gestión podría tener consecuencias globales.
Escepticismo en Washington
Las demandas iraníes han generado dudas dentro de los Estados Unidos. Varios analistas consideran que se trata de posiciones de máximos diseñadas para marcar el terreno de juego de las negociaciones, más que de un acuerdo viable en sus términos actuales.
Voces políticas como la del senador demócrata Chris Murphy han alertado del riesgo de que Irán pueda consolidar el control sobre Ormuz, un escenario que ha calificado de “catastrófico” para la economía mundial. Sin embargo, la administración Trump ha dejado entrever que el documento puede servir como punto de partida para las conversaciones, sin comprometerse a aceptar sus puntos clave.
Israel y la dimensión regional
El gobierno de Benjamin Netanyahu ha apoyado la decisión de Estados Unidos de suspender temporalmente los ataques contra Irán, pero ha subrayado que la tregua no se extiende al Líbano. Israel mantiene sus operaciones contra Hezbolá, en un conflicto paralelo que continúa escalando. Además, ha exigido que Teherán abra inmediatamente el estrecho de Ormuz y detenga cualquier ataque contra Israel y otros países de la región, reforzando la presión sobre las negociaciones.
Próxima parada, Islamabad
El siguiente paso será la reunión prevista en Islamabad, impulsada por el primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, que ha actuado como mediador. Irán ya ha confirmado su participación, mientras que Washington aún estudia el formato de las conversaciones. Estas negociaciones deberán determinar si el plan de diez puntos es una base realista para la paz o solo una declaración de intenciones. Con posiciones aún muy alejadas, el margen para el acuerdo es estrecho, pero la ventana diplomática continúa abierta.