Un nuevo informe del Federal Reserve Bank de Nueva York, recogido por CNN, confirma lo que los economistas ya advertían: la carga de los aranceles recae casi completamente sobre los ciudadanos del país que los impone. Según este informe, pues, los negocios y consumidores norteamericanos pagaron casi el 90% de los aranceles sobre las importaciones en 2025. Esto coincide con conclusiones recientes del National Bureau of Economic Research y la Congressional Budget Office (CBO). Aunque la Fed no desglosó la carga entre empresas y consumidores, el CBO estima que las empresas recortan ligeramente márgenes para absorber parte del coste, pero pasan la mayor parte —alrededor del 70%— a los consumidores. Los exportadores extranjeros, a los que Donald Trump había asegurado que pagarían la factura, soportan solo un 5%. En términos reales, esto equivale a un aumento medio del impuesto de 1.000 dólares por hogar en 2025, según la fundación no partidista Tax Foundation.
Reacción política y fatiga de los aranceles
CNN también recoge la opinión de diversos analistas y políticos sobre las consecuencias de esta política. La fatiga arancelaria ha comenzado a generar presión política: seis republicanos de la Cámara se unieron a los demócratas para intentar derogar los aranceles sobre Canadá. Aunque la iniciativa no prosperará —Trump podría vetarla—, el hecho de que miembros de su propio partido cuestionen la política económica del presidente refleja una tensión interna.
Mientras tanto, el Tribunal Supremo de los EE. UU. debe pronunciarse sobre la legalidad de los aranceles, con el riesgo de trastocar la agenda económica de Trump. En este contexto, la cadena norteamericana cita expertos que señalan que una decisión desfavorable podría obligar a replantear completamente la política comercial del presidente.
Economía vs. percepción ciudadana
En declaraciones recogidas por el mismo portal, el portavoz de la Casa Blanca, Kush Desai, defiende los aranceles y asegura que, a pesar de que el aumento de la tarifa media norteamericana ha aumentado casi siete veces, la inflación se ha enfriado y los beneficios corporativos han crecido. “La política económica del presidente Trump —reducción de impuestos, desregulación, aranceles y energía abundante— está acelerando el crecimiento económico”, ha afirmado.
Pero los consumidores ven la realidad de otra manera: el aumento del coste de la vida pesa sobre los hogares, y muchos culpan a Trump y a los republicanos por la falta de bajada de precios prometida. Algunos productos, como los huevos, han bajado de precio, gracias al trabajo de los agricultores para controlar la gripe aviar, pero son la excepción.
La economía vista con lupa
Aunque las cifras globales parecen positivas, CNN señala que el crecimiento laboral de enero se concentró casi exclusivamente en el sector sanitario, con 130.000 puestos de trabajo nuevos, casi el doble de lo previsto. Durante todo el 2025, la sanidad y la asistencia social representaron el 97% del crecimiento total de la ocupación, creando lo que la economista Diane Swonk de KPMG describe como “sillas de una sola pata” que sostienen toda la economía. Otras sillas de este tipo incluyen el gasto de los ricos y las grandes inversiones en infraestructuras de inteligencia artificial de las empresas tecnológicas.
La experiencia de 2025 deja claro que los aranceles no son una carga soportada por extranjeros, sino por los propios ciudadanos norteamericanos. Los datos de la Fed y del CBO ofrecen una lección de Economía 101: la política proteccionista tiene un coste directo para el consumidor interno, independientemente de la retórica política, y las promesas de bajar precios inmediatamente se han visto frustradas por la realidad de los mercados.
La forma de hacer política de Donald Trump
Este contexto económico y social no es aislado, sino que se inserta en una manera de hacer política más amplia que está marcando la actual administración de Donald Trump. Enero de 2026 ha sido un mes marcado por un despliegue intenso del poder presidencial, con decisiones rápidas y contundentes que no siempre han tenido freno ni límites aparentemente. Esta dinámica se ha manifestado en múltiples frentes: desde la política económica, con aranceles y medidas comerciales que afectan directamente a los ciudadanos, hasta acciones ejecutivas que generan tensión política interna y externa.
El estilo de gobierno de Trump, caracterizado por la confrontación directa y el uso intensivo de la autoridad presidencial, crea un escenario en el que las repercusiones económicas y sociales —como el aumento de costes derivado de los aranceles— se combinan con una presión política constante sobre sus aliados y rivales. Observadores subrayan que este tipo de liderazgo provoca reacciones inmediatas, tanto dentro del Congreso como entre la ciudadanía, y cuestiona los límites tradicionales del poder ejecutivo dentro de una democracia moderna. En este sentido, las decisiones económicas no se pueden separar del contexto político más amplio: tarifas, impuestos y regulaciones devienen instrumentos dentro de una estrategia que combina autoridad, confrontación y visibilidad mediática.
Este enfoque muestra que la política y la economía en la era Trump están estrechamente ligadas, y que cualquier medida económica, por controvertida que sea, forma parte de un proyecto de gobierno más amplio, con repercusiones inmediatas sobre la vida cotidiana de los ciudadanos y sobre la percepción de la administración dentro y fuera del país.
