Llega el calor y con él la necesidad de tener a mano una botella que resuelva el momento: una terraza a última hora de la tarde, un aperitivo que se alarga, una sobremesa sin prisa. Es entonces cuando muchos extienden la mano hacia un espumoso rosado, aquella burbuja de tonalidad delicadamente rosada que parece prometer frescor instantáneo y una cierta sensación de verano embotellado. Y no se equivocan. Pero hay que tener cuidado de no asociar el frescor con la superficialidad, ni las burbujas con un vino menor pensado solo para el brindis.
Porque un gran espumoso rosado puede ser mucho más que un vino fácil de beber. Puede tener profundidad, identidad y carácter. Puede hablar de paisaje, de variedades, de viticultura y de tiempo. En definitiva, puede ser un vino serio, con alma y con una manera propia de entender el territorio. Y es precisamente aquí donde aparece el Corpinnat, uno de los proyectos más sólidos, exigentes y coherentes del panorama vitivinícola catalán actual.
¿Qué es el Corpinnat, exactamente?
El Corpinnat es una denominación nacida en 2018 cuando un grupo de bodegas del Penedès decidió apostar por unos estándares propios muy exigentes: vendimia manual obligatoria, uva exclusivamente de viñedos propios, agricultura ecológica o biodinámica, y elaboración y envejecimiento en la misma bodega. Las crianzas mínimas van más allá de lo que marca la ley para el cava convencional. El resultado son espumosos de alta expresión, arraigados al territorio y trazables desde el viñedo hasta la copa. Calidad que no es un eslogan, sino un protocolo. Y dentro de la marca colectiva Corpinnat, hay dos rosados que merecen un capítulo aparte.
Dos grandes espumosos de un mismo territorio, con estilos diferentes, pero una idea compartida: demostrar que un rosado con burbujas también puede tener profundidad, identidad y alma gastronómica
Llopart Rosé Brut Reserva
Llopart es una casa con raíces profundas en el Penedès. Fundada en 1887, la finca de Can Llopart, en Subirats, se extiende entre viñedos y bosque a más de 350 metros de altitud, en un paisaje de pendientes y terrazas que obliga a las cepas a luchar por encontrar agua y nutrientes. De esta viticultura exigente nacen uvas escasas, pero de una gran intensidad y concentración.
Este rosado Brut Reserva se elabora principalmente con Monastrell (60%), una variedad que aquí aporta carácter y una sensualidad muy particular, complementada con Garnacha y Pinot Noir. Una breve maceración en frío con las pieles extrae el color delicado y el perfil aromático antes del prensado suave. Después llega el tiempo: más de 24 meses de crianza en botella que afinan la burbuja y le dan profundidad, textura y persistencia.
El resultado es un espumoso rosado de tonalidad pálida y burbuja viva, con aromas de frutos rojos, fruta de hueso madura y un sutil fondo floral. En boca es amplio, goloso y sorprendentemente carnoso, con una exuberancia muy bien equilibrada por la frescura. Un rosado capaz de seducir tanto en un aperitivo de verano como junto a una comida con más ambición gastronómica.
Torelló Rosé Brut Reserva 2023
La familia Torelló elabora espumosos desde 1951, pero la historia de Can Martí se remonta mucho más atrás: la finca está en manos de la familia desde 1395. Situada en Gelida, entre suelos arcillosos y calcáreos, la propiedad acoge 80 hectáreas de viñedo ecológico donde conviven once variedades diferentes. La vendimia 2023 estuvo marcada por una sequía extrema que redujo notablemente la producción, pero también dio vinos de gran concentración y calidad.
Este rosado destaca por un coupage poco habitual: 51% Garnacha negra y 49% Macabeo. La combinación busca unir la tensión y la frescura de la variedad blanca con el volumen y el carácter de la garnacha negra. Después de la segunda fermentación, el vino reposa un mínimo de 24 meses en botella, con un removido que ayuda a integrar las levaduras y aporta más profundidad aromática y cuerpo.
El resultado es un espumoso rosado de color delicado, con reflejos ligeramente anaranjados y una burbuja fina y persistente. En nariz aparecen notas de fresa, cassis, menta fresca y flores secas, en un perfil balsámico elegante y sutil. En boca combina frescura, tensión y una textura golosa muy bien equilibrada, con una burbuja viva que acompaña el vino hasta el final. Un rosado refinado, complejo y con una personalidad muy definida.
Dos grandes espumosos de un mismo territorio, con estilos diferentes, pero una idea compartida: demostrar que un rosado con burbujas también puede tener profundidad, identidad y alma gastronómica. Porque cuando llega el calor, refrescarse está bien, pero beber con criterio aún lo está más.