Un restaurante versátil de cocina catalana que abre todo el día en Cadaqués

Pretender comer en Cadaqués a deshora un fin de semana de verano es todo un reto. De hecho, ya lo es también pretender entrar en Cadaqués cualquier fin de semana de verano. Sin embargo, hacia finales de junio, un grupo de seis amigos conseguimos la hazaña con éxito y comimos en Casa Dionís. Veníamos de pasar la mañana haciendo una visita memorable a elBulli1846, que se había alargado gustosamente gracias a las explicaciones de Lluís Garcia, el director, y nos hacía falta hacer una comida rápida antes de proseguir la expedición, que tenía la siguiente parada en la Casa-Museo Dalí. Siendo conscientes de que Cadaqués cierra su único acceso por carretera cuando la villa ya está demasiado llena, quisimos probar suerte y adentrarnos por la única carretera sinuosa que llega hasta allí.

Ensaladilla rusa de Casa Dionís. / Foto: Rosa Molinero Trias
Ensaladilla rusa de Casa Dionís. / Foto: Rosa Molinero Trias

Casa Dionís tiene como logotipo al dios Dionisio, una divinidad absolutamente arrebatada y muy probablemente tocada por la tramontana que sopla con fuerza en este lugar. Lo vemos tumbado, alzando un porrón y engullendo el vino, los cabellos provistos de pámpanos. Y lo vemos también de pie, atendiendo las mesas del restaurante, porque es su propietario Dionís Tibau. La carta de Casa Dionís tiene la estructura clásica para tapear, compuesta de conservas de pescado, embutidos y quesos, tapas frías y calientes de pequeño formato, raciones que representan bien la gastronomía local y platos más contundentes. Aparte, cosa que siempre agradezco, tres opciones de guarniciones: patatas fritas o patatas pequeñas y pimientos de Padrón.

Calamar a l'andalusa de Casa Dionís. / Foto: Rosa Molinero Trias
Calamar a la andaluza de Casa Dionís. / Foto: Rosa Molinero Trias

Destaco la profesionalidad del personal de sala, atento y preciso, y los horarios amplísimos, de 9 h de la mañana a 00 h de la noche

Y hacemos lo siguiente. Ensaladilla rusa, que va generosa de ventresca de atún y se acompaña de pan crujiente, seguida de escalivada de pimiento rojo, con sus ligeramente trabados para darle aún más untuosidad y melosidad al plato. Para satisfacer un antojo, pedimos el calamar a la andaluza, donde se ha gastado buen calamar, rebozado crujiente y buen frito. Dos salsas lo rodean, a base de mayonesa.

Tortilla de patata y cebolla de Casa Dionís. / Foto: Rosa Molinero Trias
Tortilla de patata y cebolla de Casa Dionís. / Foto: Rosa Molinero Trias

Pedimos también la tortilla de patata y cebolla, donde me hubiera gustado encontrar una mejor textura y punto de sal de la patata, y las albóndigas, guisadas y con una salsa bien catalana, profunda y con el aroma tostado que los frutos secos le confieren. Para acabar, mollejas de ternera con una reducción de carne, desmenuzadas sobre un puré de coliflor. De beber repartimos Valentia, cariñena blanca de Còsmic Vinyaters.

Mollejas de ternera con puré de coliflor de Casa Dionís. / Foto: Rosa Molinero Trias
Mollejas de ternera con puré de coliflor de Casa Dionís. / Foto: Rosa Molinero Trias

Por la prisa que teníamos y para reanimarnos del sol que nos había casi aturdido durante la mañana, cambiamos los postres por cafés, que resultaron ser de Hidden, los tostadores barceloneses con cara de lince. Acabando el último sorbo, hacemos balance de una comida que ha ido justo como tenía que ir: rápido, eficiente, económico y bueno. Destaco, también, la profesionalidad del personal de sala, atento y preciso, y los horarios amplísimos, de 9 h de la mañana a 00 h de la noche.