Una amiga ha cambiado de barrio y no le gusta demasiado, de modo que cuando la visité lo cruzamos hasta llegar a Badal para ir a cenar a La Turuleca, un peruano eficaz y bueno, del cual salimos muy contentas. Ya hace muchos años que Badal es rico en gastronomía latinoamericana, sobre todo peruana y ecuatoriana. Cuando uno quería encontrar aquel restaurante desconocido, pequeño y familiar que entonces nos parecía el más auténtico de estas cocinas, y sin salir de la ciudad, tenía que llegarse hasta aquí. Ahora las cosas han cambiado o quizás no tanto, porque por esta zona sigue habiendo algunos de los mejores peruanos de la ciudad.
La simpatía abunda en La Turuleca, que tiene una terraza bastante cómoda y es servida con diligencia y buena atención. Además, la comanda llega a la mesa rápido, sin que el tiempo vaya en detrimento de la buena comida que nos es puesta delante. "Las raciones son abundantes", me dijo mi amiga. Y las raciones eran, en efecto, tan abundantes que solo fue necesario pedir dos platos: cebiche carretillero y arroz chaufa mar y montaña.
Quien ha probado un cebiche bien ejecutado sabe que es un juego de equilibrio entre la salinidad y la acidez, el picante, la dulzura del boniato y del maíz blanco, y las texturas de todo ello. Y aquí han conseguido la balanza en su punto
Cebiches hay varios, en La Turuleca, como el mixto, que lleva pescado y marisco, y el clásico de pescado, aparte de dos platos de leche de tigre donde los jugos son abundantes y el conjunto se sirve en una copa. Elegimos el carretillero, sin embargo, porque llevaba pata rebozada y frita, aparte de corvina, maíz blanco y maíz cancha tostado, boniato glaseado a la naranja y la leche de tigre con ají amarillo que le daba un adictivo punto picante. Quien ha probado un cebiche bien ejecutado sabe que es un juego de equilibrio entre la salinidad y la acidez, el picante, la dulzura del boniato y del maíz blanco, y las texturas de todo ello. Y aquí han conseguido la balanza en su punto.

El arroz chaufa siempre me ha parecido un gran invento. Se hace salteado al wok y suele ser un plato servido con generosidad que difícilmente puedes parar de comer. En cierto modo, recuerda a un arroz tres delicias, aquella versión occidentalizada de los arroces salteados chinos, y no es extraño: el arroz chaufa es parte de la cocina chifa, es decir, la cocina que la comunidad china migrada a Perú fue gestando con el paso de los años, mezclando ingredientes y técnicas de ambos lugares. En este caso, este chaufa tenía apellido, mar y tierra, decía en la carta. La razón es que llevaba langostinos y también un buen trozo de panceta lacada en una salsa a base de salsa de soja y azúcar, y también verduras, cacahuete y nabo encurtido.
Cuando vuelva a La Turuleca me encantará probar otros platos míticos de la gastronomía peruana: su cebiche clásico, el ají de gallina, el lomo saltado o, quizás, uno que no conozco y que me llama, el tacu tacu seco de ternera, que parece uno de esos guisos que quieren tiempo y cuidado, y que lleva asado de tira que se cocina con chicha de jora, una bebida fermentada de maíz, calabaza loche, ají y cilantro. En esta próxima visita pensaba mientras bajaba por la calle de Sants, comiéndome un helado de lulo que había pedido para llevar, disfrutando de esta fruta exótica que nunca he probado porque nunca he tenido la suerte de caer por aquellas latitudes, y que me hizo soñar con un viaje lleno de anticuchos, ruinas incas y dulces llamas de pelo suave.