En el corazón del barrio de la Ribera de Barcelona, en la calle dels Carders número 17, encontramos Espai Puntal, un establecimiento que se abre como un tríptico para dejar al descubierto tres lugares con un único hilo conductor: comida artesana de temporada y proximidad. El eje central, Taula Puntal, el restaurante donde un máximo de 22 comensales pueden disfrutar de un menú cerrado los viernes y sábados por la noche, sentados alrededor de una mesa de madera de diez metros; Colmado Puntal, donde ofrecen pan de larga fermentación, conservas y bocadillos caseros para llevar; y Bar Puntal, el lugar ideal para compartir platillos elaborados con productos frescos y de proximidad, acompañados de una copa de vino de la casa. Y aquí es donde probamos algunas de las propuestas de la carta de primavera en una cena que deleitó los paladares.
Cocina de temporada pensada para compartir
En el Bar Puntal todos los platillos están pensados para ser compartidos y respetan la filosofía que vertebra todo el Espai: cada estación tiene su propia carta, asegurando al comensal una comida 100 % con ingredientes de proximidad y de temporada.
Nosotros abrimos la veda con el aperitivo de moda, no por ello menos apetecible, como son las gildas, acompañadas de pan con tomate —que nos acabamos sin pena ni gloria— y seguidas de ostras a la cava con pera, una tapa de lo más refrescante, antes de pasar a todo un clásico de las cenas de picoteo: las croquetas. Agradablemente cremosas por dentro y con un rebozado muy suave que hace que se deshagan en la boca con cada bocado.

Si decidís ir durante estos meses, las alcachofas, con salsa romesco y panceta —también ofrecen opción vegetariana— no os defraudarán; sin duda, uno de los mejores platillos de la noche. La otra estrella: el ravioli de cordero con almendras y un toque de limón que sorprende, pero no molesta, una agradable frescura que no sabías que necesitabas, como un poco de viento un día especialmente caluroso de primavera.


Hablando de cosas frescas, la ensalada de remolacha, con hinojo y kumquats, es el acompañamiento perfecto para la butifarra a la brasa, servida con mostaza casera y que te deja con ganas de pedir una segunda ronda. En caso de quedaros todavía con un poco de hambre, el sándwich “Tuna Melt” es una buena opción para cerrar la cena. El relleno de atún es tan ligero que todavía quedará hueco para el postre. Con el recuerdo de la Semana Santa todavía fresco, no pueden faltar las clásicas torrijas, pero también es una muy buena opción decantarse por unas discretas —pero no por ello menos sabrosas— fresas con nata. Sencillas, pero siempre un acierto.