Las empanadas argentinas se han convertido en un lugar común a criticar de la gastronomía barcelonesa. Se nos ha hecho extraño que en los últimos 10 años proliferaran como setas tantos y tantos establecimientos que las vendían. De hecho, aparte de una repetición incomprensible, ya que no estamos en Buenos Aires, una cosa que nos resultaba bastante molesta es que estos locales se implantaran allí donde antes había bares queridos que, por unos motivos u otros, bajaban la persiana. Ahora bien, las deliciosas empanadas argentinas, la receta en sí, no tienen ningún mal, al contrario: son un bocado práctico y sabroso, rápido y conveniente.

Es en la propuesta de empanadas que El Laurel se diferencia del resto. Tiene una veintena, entre las que se cuentan las clásicas, las modernas y también vegetarianas y veganas

Lo saben bien en El Laurel, el bar argentino donde la empanada es la protagonista. Ubicado frente al cine Renoir Floridablanca desde hace 25 años, se llena después de cada sesión con los debates de los cinéfilos que glosan la peli de aquel día y con el aroma de la masa recién salida del horno. Además, también hacen pizza al estilo argentino, o sea, con una masa bien gruesa, parrillada de carne, con asado de tira, entraña y chorizo, y la famosa milanesa napolitana, un generoso filete de ternera rebozado y frito, acompañado de queso y tomate. 

Empanadas del restaurante El Laurel. / Foto: Cedida

El ambiente es el de un bar de barrio, donde la clientela es recurrente, de trato familiar, cálido y cercano, sin formalismos, con precios módicos (ninguna empanada supera los 3,60 €)

Pero es en la propuesta de empanadas que El Laurel se diferencia del resto. Tiene una veintena, entre las que se cuentan las clásicas, las modernas y también vegetarianas y veganas. Una de las más míticas es la Criolla, que tiene un contraste agridulce muy particular: rellena de carne y un sofrito de verduras, lleva un toque de azúcar sobre la masa que carameliza en el horno. La de Carne, que lleva aceitunas verdes y huevo duro, es también uno de los hits de la carta. También las hay picantes, como la Dino, que presenta la carne cortada a mano y se acompaña de boniato, cebolla y guindilla. La de Jamón y queso es como comer un bikini encapsulado y la Mimí es la preferida de los vegetarianos, con seta shiitake, manzana, cebolla, almendras, queso de cabra y mozzarella, pero compite con la de Apio, que lo lleva, así como queso azul, nueces y mozzarella. De postre, no podía faltar la estrella de la repostería argentina, el dulce de leche, que sirven en diversas de sus variantes: en alfajor, con panqueques y acompañando un flan. 

Milanesa del restaurante El Laurel. / Foto: Cedida

El ambiente es el de un bar de barrio, donde la clientela es recurrente, de trato familiar, cálido y cercano, sin formalismos, con precios módicos (ninguna empanada supera los 3,60 €). Tienen una pequeña terraza, una mesa en el umbral de la puerta y un espacio alrededor de la barra que desemboca en una sala más amplia al fondo del local.