Confieso que para mí es un misterio más complicado de entender que los de Agatha Christie. Cuando, en aquellos lejanos inicios del siglo XXI, Internet irrumpió en nuestras vidas y nos las puso patas arriba como un calcetín, la red se convirtió en nuestro índice de recetas. Maravillados, veíamos cómo, poniendo los ingredientes que teníamos en la nevera, Internet nos encontraba una receta que, gratuitamente, un buen tipo había colgado. Este cambio de paradigma hizo temblar al mundo editorial. Y no pasó nada...
Hace unos quince años, nuestras vidas volvieron a cambiar. Aparecieron las redes sociales: Facebook e Instagram. Al principio eran solo para reencontrar a los amigos de la EGB, pero enseguida irrumpieron los profesionales, que empezaron a llamarse influenciadores, y los más serios, “creadores de contenido”. Descubrimos con sorpresa que, de todo el contenido colgado en las redes, lo que más interesaba eran las fotos de comida. Y enseguida llegaron los vídeos, que cambiaron del todo el escenario. Millones de recetas explicadas en un minuto y medio: adiós a la matraca de YouTube, ahora en el tiempo de hacer un pipí aprendes cómo se cocina un fricandó. Este cambio de paradigma hizo temblar al mundo editorial. Y no pasó nada...
No puedo vaticinar que los libros sigan existiendo porque no tengo ninguna bola de cristal. Pero sí que os puedo asegurar que mi estante de libros de cocina seguirá doblándose por el peso
De hecho, pasó lo impensable: los creadores de contenido recopilaron las recetas en libros impresos en papel. Lo digital sucumbía ante lo analógico. Es un misterio para el cual no tengo ninguna explicación. Pero me alegro muchísimo, por dos razones. La primera, porque tenemos una industria potentísima con historia y, parece ser, con futuro. La segunda, porque el libro te permite todo aquello que las redes penalizan: tiempo para disfrutar y permanencia. Puedes usar el libro para cocinar, claro, pero también puedes leer los textos, puedes disfrutar de las fotografías, a tu ritmo y eligiendo tú, no como lo que somos: víctimas del algoritmo. Una sensación de libertad y de soberanía que las redes difícilmente te permitirán, ávidas de cazarte.

Ahora planea sobre nuestras cabezas una nueva amenaza, como una nube negra: la inteligencia artificial lo cambiará todo, dicen. No sé si para bien. Cuando entro en las redes, diviso de una hora lejos el contenido generado con IA: de ojo todo tipo de contenido elaborado con IA, falso, pulido en exceso, perfecto hasta no ser creíble. Me produce una tristeza infinita. Busco fotos que se vean reales, platos con manchas y tortillas imperfectas… Hasta que la IA identifique mi manía y aprenda a generar fotos con manchas y tortillas imperfectas, claro.
No puedo vaticinar que los libros sigan existiendo porque no tengo ninguna bola de cristal. Pero sí que os puedo asegurar que mi estante de libros de cocina seguirá doblándose por el peso. Y ya que estamos, aprovecho para anunciar que este Sant Jordi, entre multitud de novedades, asoma la cabeza Les receptes virals d'Ada Parellada, la recopilación de la serie de vídeos que hicimos en la Gourmeteria donde cocinábamos 3 recetas a partir de un solo alimento, desde una naranja a un pan de molde. Cuando terminamos la serie, pensamos que era necesario un libro donde encontrar fácilmente las recetas de siempre y algunas ideas que, probablemente, no habríamos sido capaces de inventar sin la presión de tener que hacer los vídeos.
Un libro, en definitiva, que no doblará vuestra estantería porque seguro que os será tan útil que siempre lo tendréis cerca de los fogones.
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