Ahora que se acercan las vacaciones, siempre va bien tener a mano una lista de restaurantes de confianza para ir sobre seguro. Hoy me permito la licencia de compartir algunos de mis favoritos del Alt Urgell, y también añado establecimientos imprescindibles de la Cerdanya y Andorra. Muchos de vosotros ya los conoceréis, pero esta es también una buena excusa para recordar que siguen en plena forma.
La Taverna dels Noguers (Ardaix)
Con solo siete habitantes, Ardaix esconde uno de los grandes restaurantes de montaña del país. Pero, si hay algo que explica el éxito de La Taverna dels Noguers, es su autenticidad. Aquí no encontraréis modas ni platos pensados para impresionar, sino una cocina hecha con paciencia, recetas de toda la vida y ese trato familiar que convierte una simple comida en una experiencia. Es de esos restaurantes a los que siempre apetece volver, sea verano o invierno.
Miquel y Ramona practican, como digo, una cocina catalana sin artificios, en la que no olvidarás sus entrantes; las setas de temporada son protagonistas cuando toca, y el trinxat, elaborado con col de invierno y patatas del país, sigue siendo uno de los mejores que he probado nunca. La caza es otra de sus especialidades, con una perdiz y un civet de jabalí memorables.
Y para acabar, no os perdáis el mítico carro de los postres, lleno de elaboraciones caseras.
L'Estanc (Adrall)
Desde 1989, Marga, Imma, Xavi y Toni han convertido L'Estanc en toda una institución del Alt Urgell. Es un lugar ideal, tanto para desayunar de tenedor como para disfrutar de uno de los mejores menús de mediodía de la comarca. El trinxat sigue siendo el plato más solicitado, pero tampoco fallan los callos de cordero, el tacó, el cordero o las manitas de cerdo con salsa.
Se come muy bien y, sobre todo, te hacen sentir como en casa. Eso sí, aprovechadlo mientras podáis: tienen previsto bajar definitivamente la persiana el 29 de diciembre de 2029, coincidiendo con la jubilación de Marga, la más joven de los cuatro.
Cal Butxaca (Castellbò)
Hace muchos años que subo a Castellbò para comer en Cal Butxaca, uno de los mejores arroces de montaña que conozco. Maria Àngels sigue fiel a una fórmula que no falla: menú completo con bebida incluida y producto de proximidad.
Ensalada catalana con hortalizas de su huerto, embutidos de la comarca, un magnífico arroz de montaña y, si todavía queda hambre, chuletas de cordero. En verano se llena de buscadores de setas y en invierno de esquiadores que van o vuelven de Sant Joan de l'Erm.
Ca l'Amador (Josa de Cadí)
Más de veinticinco años después de abrir sus puertas, Ca l'Amador continúa siendo uno de los grandes destinos gastronómicos del Pirineo.
Cada temporada, el amigo Diego Alías renueva la carta sin renunciar a los platos que lo han hecho famoso. Allí se puede encontrar desde la trucha con pesto hasta la sopa de cebolla gratinada, las alcachofas con foie, la entrama a la brasa, las espalditas de conejo o el mítico bacalao de mamá. Una parada obligada si se pasa por la Vall de la Vansa.
Las setas, la caza y los arroces de montaña son los grandes protagonistas de una de las rutas gastronómicas más atractivas del Pirineo
539 Plats Forts (Puigcerdà)
Para mí es, sin lugar a dudas, uno de los grandes restaurantes de la Cerdanya. Martín Andrés Comamala cocina delante de una pequeña barra para una docena de comensales y trabaja exclusivamente con producto de temporada y de proximidad.
Cada miércoles baja personalmente a las lonjas para seleccionar el pescado y el marisco, y a menudo lo encontrarás escalivando pimientos a la orilla del Segre. El mejor consejo es muy sencillo: déjate llevar y di que sí a todo. Ah, y no olvides probar el flan de Martín, que ya es una institución en sí mismo.
Ca la Núria (Bellver de Cerdanya)
El año pasado, la Acadèmia Catalana de Gastronomia i Nutrició distinguió a Núria Bonet con el Premi Revelació, pero hace tiempo que Ca la Núria es uno de los restaurantes de referencia de la Cerdanya. En una preciosa casa señorial rodeada de jardines, Núria y August ofrecen una cocina catalana elegante y muy bien ejecutada.
En su menú cerrado no faltan sus famosos raviolis, la coca de foie, los canelones de payés, un excelente corvallo o la deliciosa terrina de cordero.
Can Manel (Andorra la Vella)
Desde que Carles Flinch tomó el relevo de sus padres, Can Manel se ha consolidado como una de las grandes mesas de Andorra. Si solo tuviera que ir por un plato, sería por su extraordinario rabo de buey.
Pero la carta está llena de tentaciones: los caracoles a la borgoñesa, el foie hecho en casa, la escudella, los canelones Rossini de la abuela, la trucha andorrana, el civet de corzo o la perdiz estofada. Todo ello, acompañado de una magnífica carta de vinos catalanes y franceses.
Si aún os quedan días de vacaciones, también vale mucho la pena reservar mesa en el Racó del Simó (Canillo), en el Raconet de Sasa (Llorts) o en el restaurante Lydia (Pal). Tres direcciones que difícilmente le decepcionarán.
