En su cuenta de Instagram @rafuel55, el entrañable y ya chef viral Rafa vuelve a demostrar que no hace falta complicarse la vida para cocinar platos memorables. Esta vez lo hace con una receta que huele a cocina de siempre, a fuego lento y a mesa compartida: unos calamares guisados con cebolla, tomate y ñora que, como él mismo dice, son de esos platos que no cansan nunca y que te obligan a tener una buena barra de pan cerca. La propuesta conecta directamente con la cocina popular, esa que se apoya en ingredientes humildes, tiempos pausados y sabores bien ligados, y que hoy triunfa en redes precisamente por lo que tiene de auténtica y reconocible.
Un plato de calamares que el chef nos muestra de forma sencilla
La base del plato empieza con uno de los pilares de la cocina mediterránea tradicional: la cebolla. Rafa utiliza varias cebollas dulces, cortadas finas, junto con un diente de ajo, y las lleva a una cazuela amplia con aceite de oliva virgen extra. Aquí no hay prisas. El objetivo es que la cebolla pierda el agua, se vuelva melosa y empiece a desarrollar ese fondo ligeramente dulce que será el alma del guiso. Este paso, que muchos aceleran, es clave para conseguir un resultado final profundo y equilibrado, donde no destaque un solo ingrediente por encima del resto.

Cuando la cebolla está en su punto, entran en escena los calamares frescos, limpios y cortados en rodajas. Se añaden a la cazuela y se saltean apenas unos minutos, lo justo para que cambien de color y empiecen a soltar su jugo, sin endurecerse. Es entonces cuando el guiso empieza a tomar forma con la incorporación del tomate triturado natural, sin piel, que aporta acidez y cuerpo, y una cucharada generosa de puré de ñora, el ingrediente que marca la diferencia y que da al conjunto ese sabor tan reconocible de los guisos marineros.
Una receta que huele a cocina de siempre, a fuego lento y a mesa compartida
El siguiente paso es mojar el conjunto con un buen chorro de vino blanco, que se deja reducir para que pierda el alcohol y concentre aromas. A partir de aquí, el fuego baja y el tiempo hace su trabajo. El guiso se cocina lentamente durante unos 25 minutos, permitiendo que todos los sabores se integren y se liguen en una salsa espesa, brillante y llena de matices. Al final, solo queda ajustar de sal y añadir una picada de perejil fresco, que aporta un toque herbal y refrescante.
El resultado es un plato sencillo, honesto y profundamente sabroso, de esos que representan la cocina de cuchara bien hecha. Unos calamares tiernos, envueltos en una salsa intensa y aromática, pensada para mojar pan sin remordimientos. Rafa vuelve a acertar con una receta que demuestra que la viralidad no está reñida con la tradición, y que a veces, el mayor lujo es comer como antes.