El trinxat de verano existe: la versión ligera del clásico catalán que no hay que guardar para el frío

El trinxat es uno de aquellos platos que casi siempre situamos mentalmente en pleno invierno. Hace pensar en montaña, en frío, en una sartén bien caliente y en aquella combinación de patata, col y panceta que reconforta cuando el cuerpo pide platos contundentes. Pero la idea del trinxat también se puede llevar a una cocina más ligera, más verde y mucho más adecuada para los meses de calor. Ahora bien, hay que explicarlo bien: no es una receta tradicional catalana en sentido estricto, porque el trinxat clásico es claramente un plato de invierno. Funciona mejor presentarlo como una reinterpretación veraniega del trinxat catalán, una versión inspirada en la misma lógica de aprovechamiento y sencillez, pero adaptada a la temporada. Mantiene la patata y la verdura como base, reduce la presencia de la grasa e incorpora ingredientes más frescos, como el calabacín, para conseguir un plato que se puede comer templado o casi frío sin perder interés.

El trinxat se puede reinterpretar para obtener su versión más ligera y veraniega

Una base conocida con una lectura más fresca

La patata continúa siendo el punto de partida. Es el ingrediente que da cuerpo, textura y aquella sensación de plato completo que hace que el trinxat funcione tan bien. Se puede hervir con piel, pelarla cuando aún está tibia y aplastarla con un tenedor, sin convertirla en un puré fino. Esta textura rústica es importante porque mantiene el recuerdo del trinxat original. Si queda demasiado lisa, el plato pierde parte de su carácter.

La panceta es clave / Foto: Unsplash
La panceta es clave / Foto: Unsplash

La col también puede tener presencia, pero de una manera más suave que en la versión de invierno. En lugar de cocerla demasiado, se puede saltear ligeramente para que mantenga un poco de textura y no haga el conjunto tan denso. El gran cambio llega con el calabacín. Es una verdura muy propia del verano, aporta humedad, frescor y hace que el plato sea más amable. Cortado pequeño y pasado por la sartén, se integra muy bien con la patata y la col sin imponerse.

El toque crujiente debe ser pequeño, pero importante

En el trinxat clásico, la panceta tiene un papel muy protagonista. En esta versión, en cambio, conviene utilizarla con más medida. Unos dados bien dorados pueden aportar el punto crujiente y salado que da profundidad al plato, pero sin convertirlo en una receta pesada. También se puede hacer con un poco de butifarra negra desmenuzada, siempre en poca cantidad. La idea es que el sabor aparezca como un acento, no como el ingrediente principal.

Una vez todo está mezclado, no es necesario servirlo quemando. Este trinxat de verano funciona muy bien templado, con un chorro de aceite de oliva virgen extra al final y un poco de pimienta negra. Incluso puede mejorar con unas hierbas frescas o unas gotas de vinagre suave si se busca un punto más vivo.

Así pues, el trinxat de verano no pretende sustituir el plato de siempre. Es una manera inteligente de tomar la idea y llevarla a otro momento del año. Más verdura, menos grasa y la misma cocina sencilla que demuestra que algunos clásicos también pueden respirar mejor cuando llega el calor.