La freidora de aire se ha convertido en uno de los electrodomésticos más utilizados en muchas cocinas, pero también en uno de los que más decepciones genera cuando no se entiende bien cómo funciona. Mucha gente la estrena pensando que hará exactamente lo mismo que una freidora tradicional, pero con menos aceite, y luego se encuentra con patatas secas, pollo reseco, verduras demasiado duras o rebozados sin gracia. El problema no siempre es la receta ni el aparato. A menudo es la forma de utilizarlo. La freidora de aire no fríe como el aceite: cocina con aire caliente muy intenso y, si no se controla bien, puede secar los alimentos antes de que queden realmente sabrosos.
Hay que entender bien el funcionamiento de la freidora de aire para aprovecharla como es debido
El aire caliente necesita un poco de grasa
El primer error es pensar que no hace falta nada de aceite. Es cierto que la freidora de aire permite cocinar con mucho menos grasa, pero eso no significa eliminarla del todo. Una capa muy fina de aceite ayuda a que los alimentos cojan color, queden más gustosos y no pierdan tanta humedad durante la cocción. Sin este pequeño gesto, muchas preparaciones quedan secas y con una textura poco agradable.
No hace falta bañar los ingredientes. Con una cucharadita de aceite, un espray o un poco de aceite repartido con las manos puede ser suficiente. Las patatas, las verduras, el pollo o algunos rebozados mejoran mucho cuando tienen esta mínima protección. También es importante no llenar demasiado la cesta. Si los alimentos quedan amontonados, el aire no circula bien y el resultado es irregular: algunas partes se resecan y otras quedan blandas. Otro punto clave es el tiempo. Muchas personas ponen demasiados minutos "para asegurarse" y eso es justo lo que estropea el plato. La freidora de aire cocina rápido, y dos o tres minutos de más pueden marcar la diferencia entre un alimento jugoso y uno seco.
La temperatura no siempre tiene que estar al máximo
El segundo error habitual es cocinarlo todo a temperaturas muy altas. No todos los alimentos necesitan 200 grados. Las piezas delicadas, como el pollo, el pescado o algunas verduras, pueden quedar mucho mejor con una temperatura un poco más baja y una cocción más controlada. Esto permite que el interior se haga sin que el exterior pierda toda la humedad.
También ayuda precalentar el aparato solo cuando la receta lo pida. En algunos casos va bien, pero en otros puede hacer que el alimento reciba demasiado calor de golpe. Y si se trata de restos o alimentos ya cocinados, conviene calentarlos menos tiempo y, si es necesario, añadir un poco de humedad o salsa al final. La freidora de aire funciona muy bien cuando se utiliza para dar textura, no para castigar el alimento. Girar las piezas a media cocción, revisar antes del tiempo indicado y adaptar la temperatura al tipo de ingrediente son gestos sencillos que cambian mucho el resultado.
Así pues, si todo lo que haces en la freidora de aire te queda seco, probablemente no es culpa del aparato. Quizás falta un poco de aceite, sobra tiempo o la temperatura es demasiado alta. Con menos prisa y una cocción más pensada, la freidora puede dar platos crujientes por fuera, pero tiernos y sabrosos por dentro.
