Quien hoy escucha la expresión “Reus, París, Londres” quizá piense en un eslogan ingenioso o en una frase nostálgica. Sin embargo, detrás de esas tres ciudades hay una historia fascinante que explica cómo un municipio catalán llegó a situarse en el mapa económico europeo… y a convertirse, con el tiempo, en uno de los grandes referentes del vermut. Una historia que nos lleva al pasado y que habla de cómo se hacían los negocios décadas y siglos atrás, cuando todo era muy distinto en todos los ámbitos de la sociedad.
Reus, París, Londres: la curiosa historia del vermut
Para entenderlo hay que retroceder al siglo XVIII. En aquella época, la economía de Reus giraba de manera decisiva alrededor de la producción de aguardiente. Era un negocio floreciente, impulsado por una demanda internacional que parecía inagotable. La mayor parte de lo que se destilaba salía hacia el exterior, y los precios se fijaban en tres plazas clave: Reus, París y Londres. De ahí nació la expresión, repetida con orgullo por comerciantes y productores, porque situaba la ciudad tarraconense al mismo nivel que dos capitales europeas de primer orden.

Las familias que prosperaron gracias al aguardiente no se quedaron quietas. Con visión estratégica, durante el siglo XIX reinvirtieron sus beneficios en nuevas actividades: por un lado, en la emergente industria textil; por el otro, en el sector vitivinícola, que empezaba a despuntar con fuerza. Este entramado empresarial y comercial sería decisivo para lo que vendría después.
Mientras tanto, en Europa se extendía una moda: el vermut. Nacido en la región de Baviera y convertido en bebida de aperitivo en la ciudad italiana de Turín, este vino aromatizado con hierbas y especias conquistaba paladares y tertulias. Cuando el producto llegó a Cataluña, Reus contaba ya con bodegas, experiencia técnica y redes comerciales suficientes para asumir el reto.
El encaje fue casi perfecto. La ciudad supo adaptar su tradición licorera a un producto moderno y atractivo, capaz de viajar y de conquistar mercados. Entre finales del siglo XIX y principios del XX, Reus vivió una auténtica eclosión: llegaron a coexistir cerca de treinta elaboradores que producían más de cincuenta marcas distintas. Muchas de ellas, sorprendentemente, siguen activas hoy, testimonio de una continuidad que pocas regiones pueden reivindicar.

El éxito del vermut en Reus no fue solo económico; también consolidó una identidad. No se trataba únicamente de fabricar una bebida, sino de articular alrededor de ella una cultura del aperitivo, del encuentro y del tiempo compartido. La ciudad se proyectó al exterior con un producto que hablaba de tradición, pero también de modernidad.
El éxito del vermut también fue por afianzar la cultura del aperitivo, el encuentro y el tiempo compartido
Hoy, bajo la marca “Vermut de Reus”, varias casas mantienen viva esta herencia. Custodian recetas, afinan mezclas, modernizan etiquetas y continúan exportando aquello que un día situó a la ciudad en el mapa: carácter, prestigio y una manera propia de entender el vino aromatizado.
Así, “Reus, París, Londres” deja de ser una simple frase y se convierte en un resumen de ambición, comercio y cultura. Y, por supuesto, en un brindis, con vermut, cómo no, a una historia que todavía se sigue escribiendo.