La espinaca fresa es una planta comestible tan curiosa como desconocida. Su nombre científico es Blitum capitatum, aunque también se puede encontrar como Chenopodium capitatum. Recibe este nombre porque produce unas agrupaciones rojas que recuerdan a pequeñas fresas o frambuesas, aunque en realidad no son bayas propiamente dichas, sino estructuras carnosas que contienen las semillas. La planta se puede aprovechar casi entera en la cocina: las hojas jóvenes tienen un sabor suave parecido al de las espinacas, mientras que los frutos rojos aportan sobre todo color y un dulzor muy discreto.
Un producto absolutamente desconocido en la mayoría de los hogares
Las hojas se cocinan como si fueran espinacas
La parte más interesante de la planta son las hojas jóvenes, especialmente antes de que aparezcan las inflorescencias rojas. Se pueden añadir en pequeñas cantidades a ensaladas, pero lo más recomendable es cocinarlas. Funcionan muy bien salteadas con ajo y aceite, incorporadas a tortillas, sopas, cremas de verduras, arroces o rellenos. También se pueden utilizar como guarnición de platos de carne, pescado o legumbres.
La textura es tierna y el sabor resulta vegetal, suave y ligeramente terroso. Para conservarlas, se pueden escaldar durante unos segundos, enfriarlas y congelarlas en pequeñas porciones. También admiten el secado, aunque pierden parte de la textura. Como ocurre con otras plantas de la misma familia, las hojas pueden contener oxalatos y saponinas. Por eso, no conviene consumir grandes cantidades en crudo y es mejor hervirlas o escaldarlas si se han de comer con frecuencia.
Esta precaución es especialmente importante para las personas propensas a formar cálculos renales. En cualquier caso, no se debe consumir una planta silvestre sin haberla identificado correctamente. La espinaca fresa se puede cultivar fácilmente en huertos y macetas, de manera que la forma más segura de aprovecharla es plantarla en casa o adquirirla en un productor especializado.
Los frutos rojos aportan más color que sabor
Las agrupaciones rojas son comestibles, pero su aspecto es más espectacular que su gusto. Aunque parecen fresas, acostumbran a tener un sabor suave, un poco terroso y solo ligeramente dulce. Se pueden comer crudas, añadir a ensaladas o utilizar para decorar yogures, pasteles y platos salados. También combinan con frutas más aromáticas, como fresas, frambuesas o manzana, en compotas y mermeladas.
Como sueltan un jugo rojo intenso, se pueden aprovechar como colorante natural en masas, salsas, bebidas o preparaciones dulces. Ahora bien, para hacer una mermelada con buen sabor es preferible mezclarlas con otra fruta y añadir un poco de limón, porque solas pueden resultar insípidas. Las semillas también son comestibles, pero son muy pequeñas y laboriosas de separar. Tradicionalmente se pueden secar, lavar y moler, aunque en la cocina doméstica suele ser más práctico consumir los frutos enteros.
La espinaca fresa es, por lo tanto, una planta ornamental y culinaria a la vez. Las hojas ofrecen más posibilidades gastronómicas, mientras que los frutos destacan por su color. No tiene sabor a fresa ni a frambuesa, pero puede aportar originalidad a ensaladas, cremas, guarniciones y postres. Es una manera diferente de ampliar el huerto y descubrir un ingrediente poco habitual sin complicar mucho las recetas.
