Si el objetivo de José Luis Rodríguez Zapatero con la entrevista concedida a TVE era resolver alguna de las muchas dudas que tiene la opinión pública sobre su actuación como lobista o qué hacían las joyas tasadas en 1,3 millones de euros en la caja fuerte de su despacho, su comparecencia no sirvió para nada de todo eso. Se puede resumir en un titular muy corto: Zapatero no se explica. Sus explicaciones en el marco de una entrevista afable se limitaron a mantenerse en las mismas posiciones de hace más de un mes ante el juez: él nada tiene que ver con las gestiones para que la compañía Plus Ultra recibiera un rescate del gobierno de 53 millones en plena pandemia, las joyas fueron un regalo de cortesía y, respecto a los ingresos de la empresa de sus hijas, él no es la persona que debe dar las explicaciones.
Las declaraciones de Zapatero después de lo que han declarado los dos Julitos —su amigo íntimo, el empresario Julio Martínez Martínez, y el presidente de Plus Ultra, Julio Miguel Martínez Sola— no se han movido. Tampoco los criticó, aunque ambos vienen de ponerle a los pies de los caballos en sendas declaraciones en la Audiencia Nacional. Ninguna respuesta al supuesto cobro de una comisión ilegal de 530.000 euros, el 1% del rescate aprobado por el Consejo de Ministros, y la negativa absoluta a la acusación de que era él quien movía los hilos de Análisis Relevante y se encargaba de conseguir los clientes. Quizás no podía hacer otra cosa, imputado como está por el juez José Luis Calama, pero la suma de todo lo que dijo es realmente muy pobre.
Quizás no podía hacer otra cosa, imputado como está por el juez José Luis Calama, pero la suma de todo lo que dijo es realmente muy pobre
Lo mismo sucedió cuando tuvo que hablar de las joyas encontradas en su caja fuerte. Si hace un mes dijo en sede judicial que en unos diez días como máximo daría una explicación, sus primeras palabras sobre el particular este jueves se limitaron a declarar que eran un regalo de cortesía de hace muchos años, sin señalar tan solo de quién habría sido el supuesto regalo. Sus siguientes palabras sobre que no tenían afán patrimonial son de mucho más difícil comprensión, ya que su valor ha sido tasado en 1,3 millones, estaban en una caja fuerte y no constan imágenes en las que nadie de su familia las haya lucido.
Mucho me temo que nada de lo que dijo supondrá, en el futuro, un cambio favorable de su situación judicial, en la que está acusado de tráfico de influencias y blanqueo de capitales. Tampoco tranquilizará al PSOE, por más que el gobierno haya cerrado filas con el expresidente y con más de varios dirigentes del partido moviéndose nerviosos en su silla. Como mucho habrá ganado, quizás, el gobierno algunos días y quién sabe si llegar al verano sin ningún otro gran susto. Aunque lo más probable es que ni eso. El foso que se ha abierto alrededor del expresidente es de una dimensión tan enorme que la impresión más generalizada es que camina hacia el fondo a mucha velocidad.