El pueblo catalán donde se come uno de los mejores arroces: una escapada perfecta para el fin de semana

A menos de una hora de Barcelona hay un pueblo que combina mar, historia y una gastronomía propia que justifica por sí sola una escapada. Sitges, en el Garraf, es conocido por sus playas, sus casas blancas y su paseo marítimo, pero también conserva recetas que explican buena parte de su pasado marinero. Entre todas destaca el arroz a la sitgetana, un plato de mar y montaña que mezcla ingredientes que, a primera vista, pueden parecer difíciles de combinar. Es precisamente esta particularidad la que lo ha convertido en una de las elaboraciones más singulares del recetario local y en una excusa perfecta para visitar la villa durante un fin de semana.

Una localidad de fácil acceso donde podemos comer muy a gusto y luego pasear por sus calles y la costa que ofrece

Un arroz con carne, marisco y malvasía de Sitges

El arroz a la sitgetana no es una paella marinera convencional. La receta combina costilla de cerdo, sepia, gambas, cigalas, almejas y butifarra, además de un sofrito de cebolla, pimiento y tomate. Todo ello se completa con una picada de almendras, ajo y azafrán que aporta profundidad al conjunto.

Platja de Sant Sebastià / Sitges
Playa de Sant Sebastià / Sitges

Pero el ingrediente que realmente lo diferencia de otros arroces es la malvasía de Sitges, el vino dulce históricamente vinculado a la localidad. Se incorpora al sofrito y aporta un matiz aromático que conecta el plato directamente con el territorio. La receta fue recuperada por Emerencià Roig Raventós en el libro El Sitges de nuestros abuelos, publicado en 1934 a partir de testimonios orales sobre la vida local del siglo XIX.

El resultado es un arroz potente, muy mediterráneo y lleno de contrastes. La carne aporta intensidad, el marisco da sabor a mar y la malvasía acaba de unir una combinación que resume bien la cocina tradicional de Sitges.

Una escapada que se puede hacer prácticamente toda a pie

La comida, sin embargo, no es el único argumento para pasar el fin de semana. Sitges es especialmente cómodo para visitar caminando. El paseo marítimo permite recorrer buena parte del litoral hasta llegar a una de las imágenes más reconocibles del pueblo: la iglesia de Sant Bartomeu i Santa Tecla, levantada sobre el mar.

Desde allí vale la pena entrar en el casco antiguo, perderse por las calles estrechas y descubrir las antiguas casas de pescadores y los edificios modernistas que recuerdan la etapa de los indianos. También se puede completar la visita probando otro clásico local, el xató, elaborado con escarola, bacalao, atún, anchoas, aceitunas y una salsa con frutos secos y ñora.

Por eso, Sitges funciona especialmente bien como escapada gastronómica. No hace falta organizar una ruta complicada: pasear, llegar hasta el mar y reservar una buena mesa. Y si solo se tiene que elegir un plato, el arroz a la sitgetana es probablemente la mejor manera de entender cómo en un mismo pueblo pueden encontrarse el Mediterráneo, la montaña y una tradición culinaria que todavía sigue viva.