Cuando tienes pocas cosas en la nevera pero te apetece preparar algo diferente, esta pizza con base de patata puede resolver una comida sin mucho esfuerzo. No necesita harina, levadura ni tiempo de reposo: solo patata cocida, huevo y los ingredientes que quieras ponerle por encima. La gracia es que la misma mezcla se transforma en una base compacta y dorada directamente en la sartén. No es una pizza tradicional, pero sí una preparación fácil, saciante y especialmente útil para aprovechar restos. Además, se puede adaptar completamente a lo que tengas en casa, desde queso y tomate hasta verduras, jamón, atún o cualquier ingrediente que necesite salir de la nevera.
Una alternativa muy diferente a la pizza de toda la vida
Una base que solo necesita patata y huevo
El primer paso es cocer la patata hasta que quede bien tierna. Se puede hacer hervida, al vapor o incluso aprovechar una que haya sobrado de otra comida. Una vez cocida, se debe aplastar bien con un tenedor hasta conseguir una textura parecida a un puré espeso, procurando que no queden trozos demasiado grandes.
A continuación, se incorpora el huevo y se mezcla hasta que todo quede bien integrado. La idea es obtener una masa húmeda, pero lo suficientemente consistente para que se pueda extender sobre la sartén sin que pierda la forma. Con una patata mediana o grande y un huevo suele ser suficiente para preparar una base individual bastante generosa.
Cuando la mezcla está preparada, hay que calentar una sartén antiadherente con unas gotas de aceite. Se vierte la masa y, con la ayuda de una espátula o del dorso de una cuchara, se le da forma redonda. También conviene repartirla con un grosor regular, ya que si queda demasiado gruesa en el centro tardará más en cocinarse y será más difícil que mantenga una buena consistencia.
Los toppings se ponen en la misma sartén
La base se debe cocinar aproximadamente cinco minutos a fuego medio. Durante este tiempo, la parte inferior se va dorando mientras el huevo ayuda a ligar la patata y a dar estructura a la masa. Cuando la base ya está lo suficientemente firme y los bordes empiezan a coger color, llega el momento de añadir la cobertura. Aquí no hay muchas reglas. Se puede poner una capa fina de tomate, mozzarella, queso rallado, jamón dulce, champiñones, aceitunas, cebolla, atún o cualquier combinación que apetezca. Si los ingredientes necesitan mucha cocción, es mejor ponerlos ya cocinados o cortados muy finos para que la base no se tenga que mantener demasiado tiempo al fuego.
Una vez puestos los toppings, solo hay que bajar un poco el fuego y tapar la sartén durante unos minutos. Esto permite que el queso se funda y que todos los ingredientes se calienten mientras la base acaba de quedar bien firme por debajo.
Cuando los bordes estén dorados y la parte superior bien caliente, se puede retirar con cuidado y servir inmediatamente. Es una receta sencilla, rápida y muy práctica que demuestra que, con una patata, un huevo y cuatro ingredientes más, se puede improvisar una cena diferente sin encender el horno.
